En las tierras de Gallocanta y el Jiloca muchos de los cuentos y fabulas que se conocen son similares a los que se cuentan en el resto del mundo, por ejemplo los de las Mil y Una Noches son conocidos universalmente.
Así pues había cuentos que eran en general conocidos por todos, solían leerse y contarse en el colegio y que después se repetían en casa. Con matices, los cuentos tradicionales eran comunes en todos los pueblos, pero luego estaban aquellas historias propias de cada pueblo o zona, aquellas que no estaban escritas en ninguna parte, que se habían trasmitido de padres a hijos y que quizás precisamente por eso se han perdido en muchos casos.
Muy habitual por ejemplo era contarle historias de miedo a los niños, se les hablaba del hombre del saco, del “sacamantecas”o “sacasaines”; hombres malos que se llevan a los niños que no se portan bien.
Otro personaje curioso era “El tío Nariguero” o “El hombre de las narices”, se les contaba a los niños que el último día del año aparecía un hombre que tenía tantas narices como días tiene el año, despertando así la curiosidad y el temor infantil.
Cuando se habla de estas historias las mujeres se muestran en cierta forma avergonzadas y repiten “que tonticos éramos, que cosas nos creíamos” como si creer en estas historias fuera distinto a creer en los duendes y las hadas de las historias infantiles actuales.
Habitual debía ser también contar historias y chascarrillos sobre los pueblos vecinos, historias graciosas o burlescas referidas a la gente de los alrededores. Como curiosidad decir que las mujeres cuentan aquellas historias que se contaban sobre la gente del pueblo de al lado, pero casi nunca las que se contaban sobre su pueblo.
Comunes debían ser también las historias de brujas, pero sobre este tema las mujeres se muestran todavía más cautas si cabe, como si aún las brujas les causaran cierto temor o como si por hablar de estos temas se las fuera acusar de incultas. Quizás también porque algunas de estas historias se refieren a mujeres concretas, y parece como si se temiera ofender a alguien, aunque las protagonistas y sus familiares murieran hace muchos años. |
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Contar cuentos en Marruecos es una práctica común, pero debemos entender cuento en el sentido más amplio de la palabra, puesto que las leyendas y las historias reales se entremezclan, de forma que cuando se cuenta una historia no sabemos donde empieza la fantasía y donde comienza la realidad.
Existen cuentos con seres fantásticos como ogros, magos, genios, cuentos de animales con una finalidad moralizante, historias de milagros y de personas santas e historias tradicionales que suelen incluir una enseñanza.Además debemos decir que muchos cuentos pertenecen a la cultura universal, con matices y adaptaciones locales. Se puede decir que los cuentos clásicos son universales.
Una de las colaboradoras del proyecto nos narra el cuento de una muchacha huérfana que sufría los maltratos de su malvada madrastra y de sus hermanastras que la hacían trabajar sin descanso, hasta que un día asistió a la fiesta del príncipe y éste se enamoró de ella, pero a llegar la media noche ella huyó perdiendo su babucha. El príncipe buscó por todo el reino, hasta que encontró a la dueña de la babucha, se caso con ella y la convirtió en princesa.
Otra nos relata la historia de un bebé que fue arrojado en una canasta a las aguas de un río por la segunda esposa de su padre, que acusó a la madre de habérselo comido. Cuando el niño ya adulto conoció la historia regresó a su casa lleno de riquezas para compensar a su madre y castigar a su madrastra. Las similitudes con otras historias y cuentos universales son más que evidentes.
Esto nos hace llegar a la conclusión de que los cuentos son algo más que cultura popular y local, ya que en muchos casos son un patrimonio universal.
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