Antiguamente en las tierras del Jiloca y Gallocanta lo normal era que las familias se autoabastecieran de casi todo, excepto cuando algo no se podía preparar en casa, que se compraba en las pequeñas tiendas locales o a los vendedores ambulantes.
En las tiendas de pueblo se vendía de todo. Eran pequeños negocios familiares en los que procuraban vender aquello que los vecinos pudieran necesitar. En estos comercios era habitual vender fiado, cada comprador solían tener una caña o un palo en el que marcaban lo habían comprado para pagar luego. También era habitual vender y comprar al trueque y se cambiaban los productos de la tienda por animales, huevos, pieles, etc., para luego venderlas en las ciudades.
Por otro lado, estaban los vendedores ambulantes que recorrían los pueblos vendiendo ropa, cacharros de cocina u otros utensilios y eran conocidos popularmente como quinquilleros o quincalleros, puesto que vendían “quincalla”, es decir, objetos de metal de poco valor como tijeras, agujas o bisutería, a parte de otras muchas cosas. Hay que destacar que a esta labor se dedicaban muchas mujeres, mayoritariamente de etnia gitana.
También existían los vendedores esporádicos, que recorrían los pueblos cercanos al suyo para vender los excedentes de sus cosechas o aquellos que realizaban algún producto artesano en sus casas y salían a venderlo por los alrededores. En más ocasiones de las que podríamos pensar, estos vendedores eran mujeres.
Así pues, las cosas del día a día se producían o se compraban en el pueblo, por lo que las mujeres no solían salir de su localidad para ir a comprar, sólo cuando había que hacer alguna compra excepcional iban a los pueblos más grandes como Daroca, Monreal o Calamocha. Se desplazaban a comprar andando o en caballería y posteriormente en autobús, casi siempre en grupo o acompañadas por algún hombre.
Respecto a las ferias, decir que tuvieron gran importancia en la comarca, especialmente las de Todos los Santos en Calamocha y la de San Andrés en Daroca. Se celebraban una vez al año y a ellas acudían vendedores y compradores de distintos lugares. En las ferias se vendía casi de todo, pero lo más importante era la compra y venta de ganado, una tarea esencialmente masculina. Las ferias eran territorio de hombres y la presencia femenina no sólo era rara sino que hasta hace unos años era mal vista. A los hombres las ferias les servían de excusa para salir de sus pueblos y divertirse.
En general, las mujeres eran las encargadas de las compras cotidianas que se hacían en el pueblo, mientras que los hombres se encargaban de las transacciones más importantes como las de ganado o grano y a veces se desplazaban a otros pueblos. |
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Lo habitual en los pueblos de Kenitra, como ocurre en el resto del mundo rural marroquí, es celebrar un mercado ambulante un día a la semana. Cada localidad tiene su mercado o zoco semanal, que no coincide en día con los del resto de pueblos de la zona. Cada mercado recibe el nombre del día en que se celebra. El zoco es un lugar importantísimo dentro de la cultura marroquí en que se hacen relaciones comerciales pero también sociales.
Por ejemplo en ocasiones, debido a la celebración de ferias o mercados importantes, toda familia se viste de fiesta para ir a comprar, vender o tan sólo mirar, convirtiendo un día de mercado en un día festivo. Con motivo de las peregrinaciones a las tumbas de los santos (musem), también se organizan pequeños mercados improvisados donde puede encontrarse de todo e integrándose el zoco dentro de la celebración.
Las mujeres suelen ir al mercado local para abastecerse de los productos básicos y las cosas necesarias para la casa, y en raras ocasiones se desplazan a otras localidades. No ocurre lo mismo con los hombres, que debido a que son los encargados de comprar y vender animales y otro tipo de mercancías deben desplazarse a otros mercados, tanto a los de los pueblos cercanos como a otros más alejados.
Algunas mujeres, las menos, van al mercado a vender huevos, animales domésticos y verduras criados en sus corrales y huertos, además de dulces y panes elaborados por ellas. La venta de estos productos les proporciona un dinero extra que pueden utilizar para comprar otros alimentos o productos más elaborados, a veces estas mediante el sistema del trueque.
En ocasiones, aunque cada vez es menos habitual, venden productos de artesanía realizados por ellas: alfombras, chilabas, ungüentos, etc. Los ingresos adicionales que les proporcionan estas ventas sirven para cubrir las necesidades familiares, pero también para comprar otro tipo de objetos como cosas para la casa, ropa, joyas o algún capricho que de otra forma no podrían adquirir.
En las poblaciones con un mayor número de habitantes como pueden ser Kenitra, Sidi Slimane o Sidi All Tazi también existen, a parte de estos zocos tradicionales, grandes tiendas de toda clase de productos que abastecen a los vecinos del pueblo y de los pueblos cercanos. En los pequeños pueblos y barrios rurales existen también pequeñas tiendas donde se venden todo tipo de productos y vendedores ambulantes que recorren las distintas localidades.
El comercio en general ha sido un trabajo masculino, donde la participación de las mujeres se limitaba al papel de compradoras o a lo sumo de vendedoras ocasionales, como ya hemos visto. |
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