En las tierras del Jiloca y Gallocanta las mujeres han desempeñado una labor esencial dentro de los procesos económicos tradicionales y su trabajo ha sido básico para sacar adelante la economía familiar.
Las mujeres eran las encargadas de cuidar los huertos en los que se cultivaban hortalizas, verduras y pequeños frutales para cubrir las necesidades familiares. Estos huertos solían ubicarse en las zonas más fértiles y con mayor abundancia de agua para facilitar el riego mediante acequias o pozos. Su cuidado era una tarea esencialmente femenina, aunque en ocasiones puntuales los hombres colaboraran.
Faena de mujeres era y es el cuidado de los animales domésticos que se criaban en los corrales que había delante o detrás de las casas. Ellas se encargaban de sacar y guardar las gallinas, de “hacerles la hechura” a los cerdos, de limpiar corrales y chozas, etc. En general, de todo lo que tuviera que ver con el cuidado de los animales de la casa.
Pero sin duda donde las mujeres del Jiloca han jugado un papel esencial es el cultivo del azafrán. Esta especia se ha sembrado desde siempre en la comarca y su cultivo concentra gran cantidad de trabajo en muy pocos días. Por eso, el papel de las mujeres era tan importante, ya que debían ocuparse de la mayor parte del trabajo porque los hombres tenían que realizar otras tareas del campo. Durante la época de cosecha del azafrán las mujeres podían trabajar para su familia o como jornaleras en otras casas. Algunas incluso se trasladaban a otros pueblos, donde la producción era mayor.
En alguna época se cultivo también en la zona remolacha azucarera, y de nuevo las mujeres tuvieron un papel destacado en su cultivo. Las labores empezaban en abril con la siembra y terminaban en febrero con la recogida y durante este tiempo había que esclarecer, picar la hierba, sulfatar, regar y escoronar. En todas estas tareas participaban las mujeres.
Pero no sólo en el cultivo de estos productos trabajaba la mujer, sino que también lo hacía en el cultivo del cereal. Las mujeres eran por ejemplo las encargadas de ir a escardar, es decir, arrancar los cardos y las malas hierbas, y su trabajo era fundamental en la época de la siega. En los tiempos en los que se segaba con hoz era habitual ver en los campos a muchas mujeres. Después, cuando la tarea se mecanizó con las segadoras y las atadoras, también acompañaban a los hombres para ayudarles con la nueva maquinaria. No sería hasta la aparición de las grandes cosechadoras cuando la presencia femenina en el campo empezará a desaparecer.
A la hora de trillar, es decir al separar el grano del cereal de la paja, la presencia de las mujeres era también una constante. Dicen que “trillar era una faena de mujeres y de chicos”.
Además de todas estas tareas, realizaban otras muchas: iban a arrancar lentejas, yeros, garbanzos, a recoger uvas, a segar y recoger el forraje para los animales o trabajaban como pastoras. Los trabajos realizados por las mujeres en el campo eran muchos y muy duros. |
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Las mujeres de Kenitra han trabajado y trabajan en las tareas agrarias “tanto o más que los hombres” como ellas mismas dicen.
Por la mañana, bien temprano, su primera tarea es la de ocuparse del los animales domésticos que se ubican en corrales anejos a la casa: gallinas, patos, conejos, palomas, cabras, corderos, etc., además de ordeñar las vacas, alimentar a los animales, limpiar los corrales, segar el forraje y traerlo a casa, etc.
Tradicionalmente, también son las encargadas de cuidar el huerto familiar, si es que lo hay. El huerto es una tarea esencialmente femenina aunque pueda contar con ayuda masculina en algunos momentos puntuales. Es habitual que las casas rurales posean un pequeño patio o jardín que les permite cultivar pequeñas huertas donde se siembran hortalizas y verduras y también hierbas aromáticas, principal condimento de la cocina de la zona. El trabajo es especialmente duro si se tienen que regar los huertos extrayendo el agua de pozos. Hoy en día los motores de extracción de agua facilitan la tarea a las mujeres.
Además de todo esto, la mujer ha trabajado ayudando a los hombres en el resto de actividades agrarias: en los campos de cereal, de arroz, de azúcar, etc., siempre dentro de una estructura familiar donde su trabajo era fundamental para sacar adelante a la familia pero donde el hombre, padre, hermano o marido, era el jefe de la explotación.
Desde hace varias generaciones también hay mujeres que trabajan por un salario en las grandes plantaciones de fresa, arroz, caña de azúcar, etc. que existen en diversos puntos de la región. Son trabajadoras del campo, pero su trabajo está fuera del núcleo familiar, lo que les otorga cierta independencia. Estas mujeres se desplazan a trabajar a las plantaciones desde sus pueblos todos los días o a veces por periodos prolongados. Nos cuenta una anciana que cuando se quedo viuda iba a trabajar a los campos como jornalera y que dormía en tiendas de campaña con sus compañeros en el mismo campo en el que trabajaba.
Dos de los principales cultivos de la zona son la caña de azúcar y la remolacha. Los campos de caña se renuevan cada 4 ó 5 años y al comienzo del verano las cañas se cortan y se llevan en camiones a las fábricas. Las mujeres trabajan en todo el proceso de cultivo, recogida y elaboración del azúcar. Con respecto plantaciones de remolacha azucarera debemos decir que, ya sea en explotaciones familiares o en grandes latifundios, las mujeres trabajan codo con codo con los hombres plantando, regando y limpiando hierbas de los campos para finalmente arrancar y limpiar los bulbos con los que se realizará el azúcar.
El hecho de que cada día haya menos explotaciones familiares y que éstas se estén mecanizando, hace que cada vez haya menos mano de obra. Muchas mujeres que antes tenían que salir a trabajar al campo con sus padres o maridos se han quedado recluidas en casa. Tradicionalmente, la mujer rural de Kenitra no ha estado relegada al mundo de la casa como podía ocurrir en otras zonas del país porque su mano de obra era necesaria para desarrollar las tareas agrícolas. |
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