Paramera

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Una paramera es un paraje de llano o de suave relieve, de suelo rocoso y que está poblado por pequeños arbustos aromáticos o espinosos. Algunos son naturales, por que el clima es muy seco o el suelo es muy pobre. Otros han sido producidos por el ser humano al eliminar los bsques y erosionarse el suelo. Así son las parameras del Jiloca.

Es uno de los ecosistemas más singulares de nuestra comarca, dominadas por el toyago (Genista mugronensis). Ambientes de gran peculiaridad en todo el contexto europeo dan cobijo a algunas de las especies más notorias de nuestra fauna, como la Alondra de Dupont o “rocín”, especie que hasta los años 80 pasó prácticamente inadvertida para la ciencia y que, por lo tanto, se creía extremadamente rara.

En la actualidad, a medida que los austeros ecosistemas esteparios han sido revalorizados por los propios naturalistas, se han podido localizar importantes poblaciones nidificantes en distintas zonas de la comarca, destacando las presentes en la paramera de Blancas. Otras aves estrechamente ligadas a los entornos esteparios, sean parameras o paisajes agrícolas, son el Aguilucho cenizo, Alcaraván, Sisón, Terrera común, Collalba rubia, Collalba gris, Curruca tomillera, Esmerejón y Ortega.

En los años de explosión de ratillas campesinas (Microtus arvalis) también hace su aparición la Lechuza campestre, singular ave rapaz nocturna de hábitos migratorios que se convierte en involuntario e inestimable aliado del agricultor en el control de las dañinas plagas de micromamíferos.

Las estepas son el hogar también de numerosos reptiles e invertebrados, como la Lagartija cenicienta, Víbora hocicuda, tarántulas y diversas especies de mariposas, como la Macaón, una de las más bellas, y Chazara prieuri, una de las especies más valiosas de la entomofauna peninsular.

Dispersas en el terreno podemos encontrar balsas de gran importancia para la fauna, de origen natural o abrevaderos para el ganado. Unas y otras desempeñan el papel de verdaderos oasis inmersos en un entorno de extrema aridez. A ellas acuden a saciar su sed ortegas, cogujadas, alondras, calandrias y un sinfín de aves más, mientras que sapos corredores y de espuelas depositan sus huevos para que hagan eclosión.

Las principales parameras y estepas del valle del Jiloca, todas ellas protegidas como LIC por su valor de protección para las aves, son las siguientes:

Bibliografía