Casa Solariega

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El término Casa Solariega aparece íntimamente ligado al estamento nobiliario. El adjetivo solariego es una variación de la palabra “solar”, entendida como el lugar en donde tuvo su origen un determinado linaje nobiliario y residieron durante varias generaciones. La casa solariega aparece definida, de este modo, como la vivienda principal de cada una de las antiguas familias nobiliarias del valle del Jiloca.

Ahora bien, desde un punto de vista artístico, no es lo mismo el palacete nobiliario de aquellas familias con grandes posibilidades económicas que la vivienda popular del hidalgo pobre, que no se diferenciaba en nada de la utilizada por el resto de sus vecinos. La distribución de la fortuna y el estatus jurídico provocaban una gran diversidad social.

En el valle del Jiloca estuvieron empadronadas un par de centenares de familias hidalgas durante el siglo XVIII. A este número hay que añadir las familias nobiliarias que poseían vivienda en el valle, pero que no residían habitualmente, por lo que no fueron incorporadas a los padrones de hidalgos. Estas últimas debieron de ser escasas, ya que lo más frecuente durante toda la centuria fue que todas las Casas Solariegas del valle del Jiloca estuvieran ocupadas y que sus propietarios vivieran en el mundo rural, administrando directamente sus haciendas.

A partir del siglo XIX esta práctica cambió completamente, pasando los grandes propietarios a residir en las ciudades, convirtiéndose en terratenientes, nombrando administradores que se hicieron cargo de la gestión de sus respectivos patrimonios rurales.

En el valle del Jiloca y en la laguna de Gallocanta, las zonas más ricas agrícolamente, encontramos unas pocas familias hidalgas, apenas una docena, que concentraban un gran poder económico y los privilegios jurídicos, constituyendo la elite de la nobleza. Todas estas familias construyeron en sus localidades grandes casas solariegas, de carácter monumental, con las que perpetuar su memoria y linaje. La utilización de materiales nobles en su edificación, piedra y ladrillo, y la inclusión de elementos arquitectónicos interesantes ha permitido que muchas de estas casonas se hayan conservado hasta nuestros días.

En el extremo opuesto se sitúan aquellos hidalgos pobres, a veces simples jornaleros, que residieron en casas populares, sin grandes pretensiones. Solían marcar las viviendas con sus heráldicas, convirtiéndolas también de este modo en casas solariegas. Estos hidalgos fueron habituales en Báguena, Burbáguena, San Martín del Río, en la zona del Pancrudo y serranías de Fonfría y Cucalón. Eran el prototipo del hidalgo pobre tan reflejado en la literatura española del Siglo de Oro, el que presumía de cuna, pero no tenía dinero. Algunas de estas edificaciones y sus escudos se han conservado, pero la mayor parte, al ser construidas con materiales deleznables, desaparecieron con el paso del tiempo.


La honorabilidad estamental

La Casa Solariega de las familias más ricas se convirtió en emblema de poder y en símbolo de diferentes ideas que hicieron suyas las familias hidalgas: el honor, la fama, el saber, el bien, etc. Ambos significados se complementan, pues no olvidemos que las expresiones artísticas suelen ser un reflejo muy fiel de las estructuras sociales. Los palacios, ya sean de reyes, nobles o pequeños hidalgos rurales, son siempre símbolos sociales, reflejo del poder de las personas que los construyen y de la enorme diferencia que les separaba de las humildes viviendas de sus súbditos o vecinos.

Todo el estamento nobiliario, independientemente de su poder económico, presumía de tener una honorabilidad y un prestigio social que les situaba por encima de sus vecinos. A diferencia de nuestros días, el concepto del honor era entendido de una forma muy peculiar. La honorabilidad era algo innato a los miembros de la nobleza y se heredaba por nacimiento, quedando excluidos el resto de los estados. Una persona tenía honor porque pertenecía al estamento privilegiado y no a la inversa. Además, esta honorabilidad no dependía de la virtud ética o moral de cada persona. No era en sentido pleno una cualidad personal y subjetiva. Aparece definida como una condición social, como un conjunto de comportamientos y actitudes que todo aquel que se precie debe respetar. Como sucede con todo manual de reglas sociales, la honorabilidad nobiliaria quedó definida en último término por la apariencia, por "el qué dirán", por la opinión pública que merecía el comportamiento diario de los nobles entre sus convecinos.

La aceptación social de la honorabilidad obligaba a los miembros nobiliarios a mantener un modo de vida muy determinado. Su defensa exigía continuamente primar el despilfarro sobre el ahorro. Había que demostrar ante la opinión pública que no se escatimaba en gastos, aunque fueran completamente improductivos e inútiles. La presión social lo exigía. Usaban ropas profusamente decoradas, acompañadas habitualmente con algunas joyas. Decoraban las fachadas de sus viviendas con grandes portadas de piedra y blasones. Participaban en los días grandes de fiesta invitando a un refrigerio o donando alguna imagen religiosa para la procesión. Portaban espada y si se desplazaban fuera de la localidad, se acompañaban de armas de fuego. Sus palacios familiares poseían abundantes obras de arte, cuadros religiosos y numerosos objetos suntuarios. El personal doméstico era también imprescindible en cualquier Casa Solariega, con varios criados y comensales que realizaban diferentes tareas.

La estructura de la Casa Solariega, por lo menos en aquellas familias nobiliarias que se lo podían permitir, se adaptaba perfectamente al juego de la apariencia social. La mayoría presentan una fachada en la que se nota la influencia del modelo del “palacio aragonés” del renacimiento: edificios de tres alturas con portada monumental, planta noble con balcones y ventanas donde el trabajo de forja destaca por su calidad artística, y una galería de arquillos sobre esta planta. Un alero de madera bien trabajado culmina el conjunto.

Tras la portada monumental se abría una gran escalera profusamente decorada con maderas nobles y forja, rematada en una gran lucerna visible al exterior. Todas estas viviendas contaban con un jardín-huerto en la parte posterior o delantera. Este aspecto, por suerte, todavía puede observarse en algunas de las que se han conservado. Además de las dependencias destinadas a vivienda de los señores y del oratorio particular, estos edificios incluían otras para la servidumbre o para atender las necesidades más habituales de la vida en una zona rural: bodegas, caballerizas, palomar, almacenes, graneros, cocinas, despensas, retretes etc. Algunas familias llegaron a mantener a sacerdotes particulares en sus viviendas para la celebración de sus propios actos religiosos.

La pretendida honorabilidad de estas familias superaba el marco de la vivienda para proyectarse hacia el exterior. La Iglesia Católica les permitió utilizar la religión en este juego del lujo y la apariencia. La construcción de conventos, capillas y retablos, las donaciones para fines piadosos o los entierros cerca del altar les proporcionaban una justificación moral a su riqueza. No debemos olvidar que la Iglesia era la receptora de gran parte de las inversiones improductivas de la nobleza a cambio de "la salvación de sus almas", convirtiéndose por ello en uno de los principales defensores del orden establecido.

Las estirpes nobiliarias más poderosas construyeron criptas particulares y capillas en las iglesias parroquiales, decoradas con ricos retablos y altares en las que se enterraban los miembros del linaje. Muchas veces, para reforzar su pretendida superioridad social y su natural separación del mundo plebeyo, solían prohibir la entrada a estos oratorios en los que celebraban misas y fiestas religiosas de carácter privado.


Los palacios

A partir del siglo XVI, coincidiendo con la expansión económica de la sociedad aragonesa, las familias más poderosas del valle del Jiloca comenzaron a levantar monumentales viviendas, siguiendo unos esquemas constructivos muy difundidos en todo el reino de Aragón. La construcción de estos palacios implicó en muchas ocasiones una ampliación del núcleo urbano, con nuevas calles de carácter ortogonal y una amplitud mucho mayor que las precedentes. En ocasiones cada nueva vivienda llevaba aparejada la construcción de una serie de corrales, huertos y dependencias que hacen que el espacio de la casa, considerable ya de por sí, posea también un gran volumen en cuanto a espacio urbano. La vivienda incrementa su valor como símbolo del poder social, emplazada en un lugar predominante de la localidad.

Para su construcción se utilizaron los materiales propios de la zona, habiendo una predominancia del uso del ladrillo a cara vista sobre la piedra de sillería, escasa en general en el territorio aragonés. Así se configuró una tipología palaciega característica en Aragón, a base del empleo del ladrillo, exceptuando los zócalos y las portadas, para los que se reserva la sillería. Existen también algunos ejemplos de uso exclusivo de la piedra de sillería en fachada (Blancas, Torralba de los Sisones, Fuentes Claras, Villar del Salz, etc.). El resto de la edificación, ajena al ojo humano, solía levantarse con materiales más pobres, siendo abundante el tapial (mezcla de barro, cascotes y paja).

La tipología general de estos palacios solía ser de tres pisos, a los que habría que añadir la planta subterránea de bodegas. En la planta calle la decoración se concentraba sobre la puerta de entrada, con un arco de sillería que en ocasiones alcanza un gran dovelaje, en cuya clave o sobre ella, se solían colocar las armas de la familia. Estos arcos de acceso pasan a ser adintelados a partir del XVII, empleándose indistintamente una u otra opción según la zona y los gustos predominantes.

La segunda planta poseía amplios ventanales o balcones. El tercer piso se distinguía en fachada por una característica galería de arquillos corridos, que varió en función de la cronología de la edificación. Los primeros en utilizarse, hasta mediados del XVI, fueron las galerías de arcos conopiales, como podemos observar todavía en alguna vivienda muy transformada en las localidades de Torre los Negros, Barrachina o Monreal del Campo. Poco después comenzaron a utilizarse las galerías de arquillos típicas de los palacios aragoneses, con arcos de medio punto, bien sencillos con una sola rosca o bien doblados, con dos roscas. Otra forma de disposición, quizá un poco más tardía, es la galería de vanos adintelados. Finalmente, a partir del barroco, estas galerías decaen al ser sustituidas por el empleo de aleros de media caña.

La decoración de los aleros será otro de los puntos centrales que focalicen la estética de la fachada, realizados en madera calada o con motivos de piñas y pinjantes, adquiriendo un gran vuelo para proteger la fachada. También encontramos aleros realizados en ladrillo aplantillado, en sillería o incluso en sillería labrada como en la Casa de don Juan (Burbáguena). Se rematan los conjuntos con cubiertas, bien a dos o bien a cuatro aguas, sobresaliendo sobre la misma la linterna de iluminación de la escalera principal.

En cuanto al interior de las viviendas, en el valle del Jiloca no son abundantes los patios a cielo abierto, como sucedió en Zaragoza o en otras poblaciones aragonesas. Solamente en Burbáguena encontramos un patio interior, mientras que en el resto suele ser una gran escalera la que ocupa el centro del palacio, habitualmente iluminada por una cúpula o linterna situada sobre la misma, que destaca exteriormente en la cubierta.

Estas tipologías fueron repetidas en diversas localidades por las familias nobiliarias, pero también fueron utilizadas por familias hidalgas de posición económica acomodada, resultando en numerosas ocasiones difícil la clasificación y distinción de la vivienda como casa solariega o como palacio construido por una familia pudiente de la localidad. Además, a esto hay que añadir que las viviendas han sufrido numerosas reformas o ventas y los blasones familiares se han cambiado, picado o eliminado de la fachada.

Las Casas del valle del Jiloca

  • Cosa

Destaca en esta localidad una vivienda palaciega ubicada en la zona alta del pueblo, conocida actualmente como casa Ferreruela. Se trata de una vivienda de finales del XVIII, con tres plantas realizadas en mampostería entre verdugadas de ladrillo. Presenta en la primera planta la puerta de acceso con arco de medio punto de sillería, con impostas resaltadas en cuya clave se aprecia la fecha de 1783. En la planta noble presenta tres balcones adintelados realizados en ladrillo, con un arco de descarga sobre ellos, lo que da mayor plasticidad a la fachada. Además, se aprecia un reloj de sol de principios del siglo XX. El alero es de media caña con vanos de luneto. Sobre la cubierta, a cuatro aguas, se aprecia una linterna para iluminación de la escalera.

Cosa.jpg Cosa 2.jpg Vista general y detalle de la clave de la Casa Solariega de Cosa.

  • Cuencabuena

En la plaza de la localidad, en las proximidades del trinquete y la iglesia parroquial, se conserva una casona renacentista del siglo XVI. Presenta tres pisos, los dos primeros destinados a vivienda y la última, a palomar y graneros. Destaca la última planta, con una galería de arquillos de medio punto característica de los palacios aragoneses, estando la gran mayoría cegados. Las plantas inferiores presentan una gran diversidad de huecos fruto de las diversas reformas que ha sufrido el edificio. Se observa en un lateral lo que debió de ser una portada de la edificación original, con arco de medio punto de ladrillo. Desconocemos si esta era la entrada principal de la vivienda, por disponerse en un lateral, pero lo que es seguro es que este lateral se trabajó con esmero, continuando la línea de la arquería de medio punto en una cornisa falsa sin función utilitaria. Quizá este esmero venga por la ubicación, frente a la Iglesia. El edificio fue dividido para casa del párroco, casa del maestro y escuelas, lo que ha originado una fisonomía que no se corresponde a la original.

Cuencabuena.JPG Casona renacentista en la localidad de Cuencabuena.


  • Fuentes Claras

Destaca la denominada Casa Grande, situada junto a la iglesia parroquial. Se trata de un palacio de tres pisos construido con sillares de piedra caliza. Presenta tres plantas, con portada adintelada realizada en sillería, sobre cuya dovela central se dispone un escudo que ha sido picado. La vivienda ha sufrido la división en dos partes, lo que ha hecho que se abran nuevos vanos en la planta calle y superior, rompiendo la composición simétrica original. Presentaba tres balcones en el primer piso, dos de los cuales conservan rejería de época. Sobre estos balcones se disponían tres vanos de ventilación del bajo cubierta que se han conservado. Posee un alero de gran vuelo realizado con hiladas superpuestas de ladrillo aplantillado. Interiormente, la mitad de la vivienda ha sido muy transformada, realizando una división en pisos.

Fuente Cl (1).JPG Fuente Cl (2).JPG La piedra armera de la Casa Grande de Fuentes Claras ha sido repicada, borrando el escudo original e impidiendo conocer el origen de este palacio.

Otra vivienda solariega, muy transformada, es la que se ubica en la plaza del Ayuntamiento, frente al mismo. Se trata de una vivienda de tres pisos, completamente enfoscada, que deja ver en su parte superior la galería de arquillos característica, con arcos de medio punto, sobre los que se dispone un alero de canes decorados con motivos de volutas. Presentaba un arco de medio punto de sillería en su fachada, que ha sido roto en parte para la apertura de dos ventanas, una en el piso inferior y otra en el piso superior. No conserva rejería de época ni escudo que nos pueda hablar de la familia a la que perteneció.

Fuentes claras pza (1).JPG Casa Solariega, muy transformada, en la plaza de Fuentes Claras.


  • Godos

En esta localidad encontramos varios escudos pertenecientes a los Beniades, destacando la vivienda que se encuentra en las proximidades de la iglesia parroquial. Es un edificio de dos plantas más ático construido en mampostería. En el piso inferior presenta una moderna puerta con un arco muy rebajado sobre el que se ubica un escudo flanqueado por dos angelotes. También presenta una ventana cubierta por una espléndida reja de barrotes de sección cuadrangular dispuestos en arista, para permitir una mejor incidencia de la luz, remate en cruz con motivos de tornapuntas que terminan zoomorficamente en cabeza de serpiente. En el piso superior se observa una reja idéntica a la de la calle Ilarza y un balcón con antepecho en saledizo de menor calidad. El alero es de media caña con dos vanos de ventilación de luneto.

Godos 1.tif Godos 2.JPG Piedras armeras del linaje de los Beniades en la localidad de Godos.


  • Luco de Jiloca

La Casa Grande o casona del linaje de los Álava fue heredada en la última época, gracias a un enlace matrimonial, por el marqués de Montemuzo, quien poseía también varias casas en otros pueblos del valle del Jiloca. Es un clásico palacio aragonés del siglo XVII, con fachada de tres pisos separados por pequeñas cornisas. La planta calle es de piedra sillería, con la portada incrustada en un arco de medio punto. El segundo piso está construido en ladrillo, con un balcón central que aporta luz a las habitaciones más nobles. En la parte superior una galería de arquillos de medio punto, hechos en ladrillo, sujeta un amplio alero de madera. En este último piso, rompiendo la sucesión de arquillos, se encuentra el blasón familiar de los Álava.

Luco (3).JPG Luco (2).JPG Vista general de la Casa de los Álava de Luco y detalle de la rejería.

  • Monreal del Campo

El edificio más monumental está ubicado en la plaza Mayor de la localidad. Presenta tres plantas, las dos primeras de sillería, mientras que la última es de ladrillo. La fachada se articula en torno a la puerta principal, adintelada y enmarcada por dos pilastras que llegan hasta el piso superior. El dintel, de carácter monumental, presenta en su parte central el escudo del linaje familiar, cuartelado en cruz. La piedra armera pertenece al linaje de los Mateo. Además en un lateral de este primer piso presenta una segunda portada también adintelada y carente de decoración, que se correspondería con una puerta secundaria. En la dovela central se aprecia la fecha “año de 1749”, correspondiendo esta fecha con una ampliación de la vivienda más que con la construcción de la misma. En la planta noble se abren tres balcones entre los que se articulan otros vanos, posiblemente posteriores a la idea primigenia de fachada. Los balcones están recercados por molduras, entre las que se inserta una decoración de rombos. Poseen además un antepecho volado a la calle, con forja de época. Pero es el piso superior el más destacado, con una galería de arquillos de medio punto dispuestos entre pilastras y decorado, en las enjutas de los arcos, con motivos de ladrillo en esquinillas, creando un juego de luces y sombras en la parte superior de la fachada, ejemplo de la tradición mudéjar en la comarca. El alero es de canes moldurados. Interiormente presenta un gran patio, al que da una escalera con dos alas laterales, que confluyen en la parte central para acceder al salón principal, sobre la que se levanta una cúpula para iluminación del patio.

Mateo Monreal (1).JPG Mateo Monreal (2).JPG Mateo Monreal (3).JPG La Casa Solariega de los Mateo, con su decorada portada y las incrustaciones en balcones y alero, otorga cierto carácter nobiliario a la plaza Mayor de Monreal

Otro edificio monumental es el que actualmente alberga la Casa de la Cultura, con dos plantas más ático. Está realizada en sillería y mampostería. Destaca la portada de acceso, adintelada en el centro de la fachada. En el segundo piso presenta tres balcones, siguiendo la composición simétrica de la fachada. El piso superior posee galería de arquillos que ha sido enlucida. Esta vivienda no posee piedra armera.

Casa cultura.jpg Casa solariega albergando actualmente la Biblioteca Municipal de Monreal.

La vivienda de los Mateo de Gilbert tiene un aspecto externo mucho más sobrio. Presenta una gran fachada, de tres plantas. Lo más destacado es la portada, con arco de medio punto de gran dovelaje sobre el que se dispone una moldura. Sobre ésta se dispone en el piso superior el blasón familiar de los Valero de Bernabé y Mateo de Gilbert, en el que se ubica la leyenda “por ambas líneas nobleza de ...”, además del año 1461 en relación al privilegio. Mas abajo, en la calle, se dispone un segundo acceso adintelado también de sillería. El resto de la fachada es muy sobria, careciendo de galería de arquillos u otro tipo de ornamento. Interiormente presenta un patio con una hermosa y antigua escalera, además de oratorio particular.

Mateo Olma.JPG Mateo Olma (2).jpg Casa de los Mateos de Gilbert, en la calle Costera Olma de Monreal, con un gran portal de acceso en sillería.

Casa mateo.tif Plano de la fachada. Dibujo de Ramón Jiménez

  • Navarrete

La vivienda más destacada en la localidad es la Casa Bernad. Consta de dos cuerpos articulados en "L", en torno a un patio. El edificio principal corresponde a una tipología, habitual en la zona, de la que hay ejemplos en Olalla. Tiene dos plantas y se corona con alero de media caña con huecos en forma de luneto. El otro cuerpo está formado por una planta rectangular de tres alturas y terminada en galería de arquillos aragoneses con un escudo en el centro de la fachada. El edificio principal se hizo a mediados del s. XVIII y ha sido recientemente restaurado, resaltando el estilo italianizante, tanto en el inmueble como en el patio claustro con arquerías. Se encuentra anexo al primitivo edificio, posiblemente del s. XVI, con fachada de ladrillo caravista y motivos mudéjares.

Navarrete.jpg La casa de los Bernad de Navarrete destaca por sus dimensiones sobre el resto de las viviendas de la localidad.

  • Odón

La casa más destacada es la de los Fuertes. Se trata de un edificio de tres plantas, renacentista, con notable composición simétrica. Presenta portada de sillería, con arco de medio punto de potente dovelaje sobre impostas molduradas. El resto de la fachada es de mampostería y sillarejo. Presenta una potente simetría, marcada por un eje formado por la portada, el balcón superior y el remate del escudo enmarcado en alfiz en la planta superior. El segundo piso presenta tres balcones, enmarcados por molduras y derrame a la calle con antepechos de forja de época. El piso superior está recorrido por la característica galería de arquillos doblados de medio punto, estando enlucidos casi por completo. Sobre éstos se dispone el potente alero, de madera, con canes moldurados rematados en volutas. Presenta linterna con cúpula sobre pechinas cubriendo la escalera. Además existe otra edificación muy reformada y divida en tres viviendas, conocida como Casa Grande, que debió ser un espléndido edificio, apreciándose los restos de una gran portada que debía de contener un escudo nobiliario que se ha perdido.

Odón (2).jpg Odon (1).jpg Caserón de los Fuertes en Odón, con una fuerte simetría marcada por la fachada central y los balcones.

fuente odon.tif Fotografía antigua de la Casa Grande de Odón, con una fuente actualmente desaparecida.

  • Ojos Negros

La familia Mateo de Ojos Negros era uno de los linajes más poderosos de la comarca. Mantenían varias casas solariegas en Ojos Negros, de las que sólo se ha conservado la situada junto a la carretera. Se trata de un edificio con notable fachada de tres alturas. La planta baja posee dos portadas de medio punto que parecen responder a distintos planes de obra, siendo la de la izquierda, de mayor dovelaje, la original del edificio. En la planta principal coexisten dos balcones con un hueco, a modo de solanar, abierto entre pilastras. Corona el conjunto una galería de arquillos de medio punto y gran alero de madera. El alero posee motivos de volutas en el que aparece grabada la fecha de 1783, posiblemente fruto de alguna reforma en la cubierta de la edificación.

Ojosnegros (1).jpg Ojosnegros (2).JPG El linaje de los Mateo poseía las principales Casas Solariegas de Ojos Negros. Debajo, detalle de la puerta de acceso.

  • El Poyo del Cid

Se conserva una espléndida casona de finales del siglo XVI. Se trata de un edificio de tres plantas que ha sido muy transformado por la división en dos viviendas. Está realizado en tapial sobre zócalo de mampostería, empleando ladrillo para la galería de arquillos. En la planta calle destaca la portada, de sillería con arco de medio punto. En la planta principal se observan varios balcones, que corresponderían con los huecos originales. Lo más destacado es la planta del ático mostrando la característica galería de arcos corridos realizados en ladrillo. Sobre la misma se dispone el alero con los motivos de volutas también característicos. No posee ningún escudo que nos pueda informar sobre el linaje.

Poyo (2).JPG Poyo (1).JPG Vista general de la Casa Solariega de El Poyo del Cid y detalle del picaporte.

  • San Martín del Río

Se conocen varios linajes nobiliarios en la localidad, existiendo varios escudos en viviendas muy transformadas. La vivienda más destacada es la ubicada en la calle Oscura, nº 5. Se trata de un edificio barroco que ha sido enlucido en la mayor parte de su fachada, conservando todavía la distribución de vanos original. Presenta la portada en un extremo, con arco de medio punto realizado en ladrillo desde la línea de impostas. En el segundo piso se disponen una serie de balcones de vuelo curvo con antepechos de forja. El ático presenta una serie de vanos adintelados para ventilación del mismo. Sobre éstos se dispone un potente alero formado por varias hiladas de ladrillo aplantillado.

San Martín (1).jpg San Martin (2).jpg Detalles de forja en las Casas Solariegas de San Martín del Río.

Existen además otras viviendas que han sido transformadas a lo largo de los años, como la casa con escudo de los Domingo de Bernabé. Esta ubicada en la Calle Mayor, habiendo sido reformada a finales del siglo XIX, posiblemente cuando se dividiera la vivienda en dos partes. Conserva la distribución de vanos, con una portada adintelada sobre impostas molduradas en el piso inferior. En el segundo piso se aprecian una serie de balcones con rejería contemporánea. Tras la reforma se aprecian varias pilastras enmarcando los balcones así como decoraciones de escayola de motivos clasicistas.

  • Tornos

En esta localidad destaca la conocida como Casa de los Fuertes. Se trata de un edificio con una gran fachada de dos plantas. La planta baja presenta una serie de vanos entre los que destaca la portada con arco de medio punto de sillería resaltado por una moldura. Además presenta otros dos vanos con rejería de época. En la segunda hay cuatro balcones, dos de los cuales están flanqueando un escudo. Se remata la fachada con un alero de molduras planas sobre un friso de dentículos. Se trataba de la Casa de los Martín, en la calle del mismo nombre, familia que llegó a Tornos en el siglo XVI procedente de Ustarroz (Valle del Roncal) y que hoy pertenece a los Fuertes de Gilbert.

Tornos.jpg Casa de los Fuertes en Tornos

  • Torralba de los Sisones

Destaca la conocida como Casa Grande. Es una construcción de sillería y mampostería, de dos plantas más ático, que presenta en su fachada una gran portada adovelada, de medio punto, con escudo en la clave, integrada en un cuerpo de sillería coronado por una cornisa moldurada. En su interior son de reseñar los salones del piso principal. También es destacable la rejería conservada en una de las ventanas laterales, realizada a base de barras de sección circular con los extremos acodados siendo perforada una de las barras en las uniones.

Torralba.jpg Casa Grande en Torralba de los Sisones

  • Torrecilla del Rebollar

La casa del arzobispo Juan Lario y Lancis presenta fachada de ladrillo en un edificio cubierto a dos aguas. Lo más destacado es la puerta de acceso, con arco de medio punto flanqueado por dos pilastras que sustentan un entablamento sobre el que se dispone un remate a modo de frontón culminado por tres piramidiones. En su interior alberga un escudo eclesiástico de arzobispo en el que se lee la inscripción “Juan Lario y Lanzis arzobispo de Tarragona”.

Torrecilla.jpg Casa del arzobispo en Torrecilla

Otro edificio de interés es la casa de la plaza de la Iglesia. Edificio de dos plantas, con una torre cuadrangular de ladrillo como lucernario de escalera. La fachada presenta portada de estilo barroco con pilastras que enmarcan la entrada con arco de medio punto y entablamento. Toda la portada tiene un relieve muy poco acusado. En la segunda planta hay una línea de balcones de diversa factura, con decoración de rombos en las jambas de uno de ellos. Se remata por un destacado alero, anteriormente de media caña, en el que se abrían huecos de ventilación de cubierta. Actualmente presenta una galería de arquillos.

casa torrecilla.JPG Las decoraciones de rombos son un elemento característico en la casa solariega de la Plaza de Torrecilla del Rebollar.


  • Villar del Salz

Destacan en esta localidad dos casas señoriales, muy reformadas interiormente y divididas en otras varias viviendas. La primera de ellas está situada en la calle General Franco. Aparece dividida en tres viviendas. Es de grandes dimensiones, estando realizada en sillería, presenta tres plantas más ático, fruto de la reforma interior de la vivienda siendo en origen de dos plantas más ático. Está realizada en mampostería y sillería de ródeno utilizada en las esquinas y vanos. Presenta en un lateral una portada adintelada con casetones bajo una moldura muy deteriorada. Esta portada parece una reforma dieciochesca de la vivienda, ya que en los laterales se aprecian varias dovelas de un arco mutilado para la construcción de la portada. Presenta un escudo picado y descentrado en la portada. Destaca también el alero de moldura cóncavo-convexa, bajo el que se disponen varios vanos de ventilación. Estos vanos adquieren en el lateral la forma de saeteras. La otra casona se sitúa en la calle Italia nº 4. Se trata de un edificio también de considerables dimensiones, dividido en dos partes. Presenta dos plantas más ático. Tiene planta trapezoidal y está realizada en mampostería y sillería en esquinas y vanos. Lo más destacado es la portada de acceso con dos pilastras flanqueando la puerta, sobre la que se dispone un entablamento con tres platabandas y un friso con decoración vegetal en los laterales y casetones en la parte central. Sobre este arquitrabe se dispone un balcón, recercado con molduras y flanqueado por dos volutas. Se remata el conjunto por una cornisa en saledizo sobre las que se disponen dos bolas de cantería. El alero es de moldura cóncavo-convexa.

Villar 1.jpg Villar 2.jpg Dos hermosos ejemplos de la arquitectura civil en Villar del Salz.


Los interiores

Todas las antiguas Casas Solariegas han sufrido una o varias transformaciones. Las estructuras internas han sufrido grandes modificaciones con el paso de los años, intentando adaptarlas a lo que actualmente se entiende por comodidad: se han hecho conexiones a la red del alcantarillado y agua potable, la electricidad ha introducido un nuevo concepto de iluminación, eliminando velas y candiles, las caballerizas han dado paso a garajes para los automóviles, los oratorios privados han dejado de ser lugares de culto, las habitaciones destinadas al personal doméstico han desaparecido, etc. En algunos casos, donde antes vivía una única familia, ahora el edificio aparece dividido en varias viviendas, ocupadas por varias familias diferentes. Las cocinas y aseos se han modernizado, reduciendo muchas veces el tamaño de las primeras, y los amplios salones han sido reducidos, intentando crear varias habitaciones donde antes sólo había una.

Otras transformaciones afectaron al mobiliario, pues los antiguos muebles se fueron deteriorando y se sustituyeron por otros más modernos, o bien fueron vendidos en uno de esos cambios de propiedad que se sucedieron en el último siglo. Son muy pocos los cuadros religiosos que se conservan, antes presentes en todas las habitaciones. También son escasas las arquillas y arcones, muchos de ellos decorados con incrustaciones de marfil y clavos dorados, las camas y armarios de nogal, o las recias mesas y sillas de vaqueta, tal y como son citadas en numerosos inventarios de la época. La antigua decoración fue arrancada o permanece oculta tras capas de pintura más moderna. Apenas queda el recuerdo de los cortinajes y el terciopelo que cubría los salones principales, o los escudos familiares pintados que decoraban las escaleras principales y algunas habitaciones.

Podemos conocer como eran los interiores de estas Casas Solariegas a través de viejas fotografías de principios del siglo XX o de restos aislados conservados en los palacios de Báguena, Burbáguena, Luco, Monreal del Campo, Ojos Negros o Tornos, algunos de ellos conservando perfectamente la distribución interior, tal y como estaba hace dos o tres siglos.

La estructura íntima de las Casas Solariegas pretendía ser un reflejo fiel de la apariencia que mostraba el edificio en su fachada, coincidiendo perfectamente la pretendida honorabilidad de la que se presumía en el exterior con la vida realizada en el interior. Como se ha destacado, la honorabilidad nobiliaria era un conjunto de comportamientos y actitudes sociales, por lo que la vida íntima de las familias hidalgas tenía que ser una continuación lógica de la identidad social externa.

En la primera planta el arco de piedra decorado daba paso a un amplio zaguán empedrado, con una escalera al fondo que solía comunicar con todas las habitaciones de la casa. Como la puerta de estas viviendas solía estar abierta durante el día, la gente del pueblo accedía o visualizaba el zaguán con facilidad. La escalera podía ser de gran tamaño, a veces de triple arcada, como los ejemplos conservados en Calamocha y Monreal del Campo. Solía estar decorada con otros cuadros religiosos o pinturas murales, incluyendo varios escudos nobiliarios de las armas de los linajes emparentados con el propietario de la casa.

El patio de la Casa de Mateo (Monreal del Campo) es espectacular. Tras atravesar un enorme patio, se observa al fondo una escalera imperial de triple arcada. Del zaguán parten dos tramos que se unen en un descansillo intermedio, a media altura de la primera planta, con puertas laterales para entrar en diferentes habitaciones, y desde allí asciende un solo tramo central que conduce a un amplio vestíbulo que comunica con la puerta de la sala principal.

Los escudos nobiliarios pintados en las escaleras o en la linterna del patio pretendían ser una ampliación informativa de la piedra armera colocada encima de la puerta de acceso. Todos ellos estaban destinados a proclamar ante los vecinos de la localidad la pretendida antigüedad y honorabilidad del linaje, relacionando indisolublemente la apariencia propagandística de la fachada con la decoración del interior del edificio. El escudo de la puerta solía ser el más antiguo, recordando el linaje que construyó la vivienda (a menos que posteriores enlaces matrimoniales obligaran a cambiarlo). Los escudos del interior hacían alusión a las numerosas relaciones y entronques que mantenía la casa, producto de enlaces matrimoniales posteriores. La Casa Solariega aparece definida de este modo como un ente histórico, producto de un origen noble y antiguo, y de una historia posterior que confirma y reafirma la honorabilidad.

La solución más habitual utilizada en el valle del Jiloca será la iluminación del patio a través de un lucernario dispuesto sobre la bóveda que culmina la escalera principal, protegiendo así del frío y dando iluminación a esta zona que de no ser así se quedaba en penumbra. Los patios interiores porticados, muy habituales entre la alta aristocracia zaragozana, son muy escasos en la comarca del Jiloca. Aún así podemos encontrar un interesante ejemplo en Burbáguena, en la Casa Solariega de los Latorre. La puerta principal permite la entrada a un gran zaguán con el suelo empedrado y cubierta de madera, tal y como debía de ser en la primitiva construcción. En el centro se abre un pequeño patio enmarcado con cuatro robustas columnas dóricas, sobre el que se dispone una galería de arcos sobre columnas del mismo orden y menores dimensiones, que han sido cerradas por ventanales. Desde el zaguán, una amplia escalera de un solo tramo permite el acceso al resto de la vivienda.

En uno de los márgenes del patio o, más frecuentemente, en el primer piso, se construían oratorios privados bajo la advocación de la Virgen o un santo de gran devoción en la familia. Eran de pequeño tamaño, lo suficiente para albergar a seis u ocho personas, y estaban decorados con estucos, esgrafiados, cuadros, cálices y relicarios, algunos de ellos de plata. Tenían la consideración de lugares sagrados de culto, ya que todos ellos habían obtenido la pertinente autorización de la Iglesia, por lo que podían celebrar pequeñas ceremonias litúrgicas. Algunas familias llegaron incluso a contratar sacerdotes domésticos para el mantenimiento de estos oratorios (capellanes).

La planta segunda estaba destinada a la residencia familiar, con amplios ventanales o balcones a la calle. La escalera permitía el acceso directo al amplio salón familiar, decorado normalmente de forma suntuosa, con terciopelos, grandes cortinajes, una chimenea central y, en aquellas familias que se lo podían permitir, algunos elementos de mármol y piedras nobles. Este salón se identificaba con el balcón central de la vivienda, mostrando claramente en fachada la distribución interior.

A través del salón, o mediante puertas auxiliares, se accedía a las alcobas, cocinas y dispensarios. Las familias más poderosas tenían habitaciones destinadas a despachos desde donde se gestionaba la administración de la hacienda familiar. Su acceso se regulaba a través del salón, por lo que las personas que acudían a solucionar algún problema (suministradores, arrendatarios de tierras, jornaleros, etc.) estaban obligados a atravesar las habitaciones más nobles y lujosas, apreciando de este modo el poder/honorabilidad familiar.

Las alcobas, según se conservan en Báguena y Burbáguena, consistían en una gran habitación con mesa y pequeños sillones, normalmente con un balcón que también salía a la fachada principal, decoradas con grandes cortinajes. En uno de los laterales, enfrente del balcón, se abrían unas pequeñas alcobas, con o sin puertas, en donde se situaban las camas.

En el tercer piso se encontraba el granero y despensa, rematado normalmente por un entramado de vigas de madera a dos aguas que sujetan el tejado. Se distingue en la fachada por una característica galería de arquillos corridos, en ocasiones enmarcados en alfiz. Además de estos interiores cuidadosamente trabajados encontramos otros espacios necesarios para la administración de la hacienda familiar. Existían espacios para guardar las caballerías, habitualmente en un lateral de la vivienda o en dependencias anexas contiguas a la vivienda hacia el huerto. Habitualmente el acceso a las caballerías se realizaba por una portada secundaria dispuesta en la misma fachada. Podemos encontrar palomares, realizados bien en una parte de los graneros o bien como edificios exentos dispuestos en los huertos, como el desaparecido de Monreal del Campo. En algún caso excepcional también podemos encontrar colmenares, como el dispuesto en Monreal del Campo, que cumplimentarían las necesidades de consumo familiar conjuntamente con el resto de elementos.

Finalmente, la Casa Solariega podía tener acceso a los huertos y corrales, que solían ser de grandes dimensiones. Solían localizarse en la parte trasera de la vivienda, si el terreno lo permitía, aunque en ocasiones, como en el caso de Burbáguena, se dispone frente a la misma, cruzando la calle


La forja como elemento decorativo

La forja, muy cara y escasa en los siglos modernos, es otro de los elementos donde se concentra la decoración y la pretendida opulencia de las Casas Solariegas hacia el exterior. Nos centraremos principalmente en tres puntos: la rejería, los balcones y la cerrajería.

Una de las principales características de la forja en la rejería es la uniformidad estilística. En el renacimiento y el barroco, los herreros asimilan unas características y un estilo comunes que van a mantenerse hasta principios del siglo XX. Esto crea dificultad a la hora de datar las diferentes piezas, además de la gran escasez de elementos conservados y que muchos de estos han sido descontextualizados. Aún así encontramos diferentes tipologías de rejas. Esta diversidad se debe a las diferencias cronológicas, a la funcionalidad de la pieza y al carácter pudiente del encargante de ésta. Es en la realización de rejerías y balcones donde el herrero desarrolla su faceta más artística, llegando a firmar y fechar alguno de sus trabajos, constatando así su autoría.

La tipología básica de rejería se trata de una retícula de barras circulares sin apenas decoración. En el siglo XVI se procede a un entrelazado de barras en un mismo plano por medio de la sección y perforación de uno de estos tramos. Así se dota a la reja de un sentido más plástico sin restarle resistencia alguna. Este tipo de barras son las más utilizadas por los herreros turolenses. Un ejemplo de esto lo encontramos en la rejería de la Casa Grande de Blancas.

En el siglo XVII se empiezan a utilizar barras cuadradas, pudiendo dejar las aristas hacia el exterior. A partir de esta tipología el herrero podía jugar con el espacio utilizando los diferentes elementos de la estructura de la reja creando así diversos motivos, por ejemplo, jugando con la alternancia en el entramado, así como la utilización del barrote retorcido que da plasticidad a la estructura, como se puede observar en el balcón de la casa señorial de la calle Italia de Villar del Salz.

En los machones podemos encontrar motivos geométricos. A partir de la estructura de la reja, utilizando diferentes técnicas como la de falso roleo, pueden crearse diferentes motivos decorativos, según el diseño deseado por el herrero, que luego se unirá a las barras del entramado por medio de remaches, clavos o soldadura a la calda. Estos motivos, utilizados indistintamente tanto para rejería como para balcones, suelen ser curvos, pudiendo crear elegantes volutas y motivos vegetales. Ejemplo de esto lo podemos contemplar en la rejería del palacio de los Tejada en Calamocha o el balcón de la Casa Grande de Fuentes Claras.

En la parte superior de las rejas, siguiendo una estructura simétrica, es común un remate o coronamiento en el que podemos encontrar motivos religiosos como por ejemplo cruces, que aumentan el sentido de protección por su simbolismo apotropaico, así como motivos zoomorfos tales como dragones o serpientes. Para la sujeción de la rejería al muro lo más habitual fue el uso de barrotes acodados empotrados directamente a la pared o menos frecuentemente mediante la unión de la reja al marco de la ventana.

La cerrajería, al igual que la rejería, cobra importancia por el sentido de seguridad en el hogar, creando para ello sistemas de cierre cada vez más complejos. Acompañada de la cerrajería propiamente dicha encontramos diferentes elementos realizados en forja que componen el conjunto de la puerta como son los llamadores, tiradores, bocallaves, picaportes, clavos, bisagras, etc. El auge del desarrollo de la cerrajería se produce en el siglo XVI y XVII, momento en el que estos elementos adquieren un mayor sentido artístico.

En relación a las bocallaves, la técnica de realización es diferente a lo visto anteriormente, ya que se trabaja en frío recortando la chapa según la forma deseada y, posteriormente, se le dota de decoración mediante incisiones. Estas placas de cerradura pueden representar motivos vegetales, geométricos y de animales, pudiendo encontrar en ocasiones fechas, motivos heráldicos aduciendo al propietario, así como iniciales o nombres constatando la autoría de la pieza. Un ejemplo de bocallave a destacar es el de la puerta de acceso de la casa de los Fuertes de Odón en el que se representa un águila bicéfala al lado de un león rampante.

Las aldabas y llamadores se realizan de manera artesanal, trabajando directamente sobre la barra de hierro dándole la forma deseada. Las aldabas son llamadores en forma de anilla, que provienen de una tipología típica de la cerrajería islámica. Los llamadores de estilo faliforme podrían tener origen en antiguos ritos paganos de fecundidad y fertilidad de la tierra, que después han sido asimilados por el cristianismo, aunque en la actualidad hayan perdido toda su simbología. Los encontramos principalmente en las zonas rurales, donde la agricultura era de vital importancia como método de subsistencia. Estos llamadores están compuestos por tres partes, la cabeza, el cuerpo alargado y el remate.

Podemos encontrarnos desde motivos geométricos incisos en el cuerpo de metal como en la casa Don Juan de Burbáguena que posee un llamador decorado con minúsculos soles a lo largo del cuerpo. Otra tipología no figurativa es la que se encuentra en la casa de los Fuertes de Tornos donde más explícitamente sugiere los genitales masculinos. Dentro de los motivos figurativos una de las representaciones más comunes es la de animales tales como serpientes, leones, etc. Un ejemplo de esto se encuentra en la casa Bernal de Navarrete del Río, la que presenta un llamador de estructura faliforme sobre el que aparece una salamandra de elegante tratamiento.

Por último debemos referirnos a los demás elementos que forman parte de la puerta como por ejemplo los clavos que con el paso del tiempo ya que pasaron de ser algo funcional, a recibir diferentes formas geométricas decoradas mediante incisiones con elegantes resultados, tal como se puede observar en la puerta de acceso de la casona de El Poyo del Cid.

En conclusión debemos destacar la especialización del herrero en la forja de las casas solariegas que evolucionó de elementos meramente funcionales a convertirse en un proceso de creación donde el herrero desarrolla su faceta más artística.


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