Arbusto

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Enebro de la miera
Gamón en la cuenca de Gallocanta

De acuerdo con sus características edáficas y climáticas, la vegetación potencial en la mayor parte de la comarca correspondería a los árboles y bosques de quercíneas (carrasca, rebollo y marojo) y, en menor medida, a los sabinares. Sin embargo, en aquellos enclaves en los que el suelo presentaba un escaso desarrollo por razones topográficas, las comunidades vegetales estarían formadas por matorrales propios de la degradación de los antedichos bosques.

Estas perturbaciones de las comunidades vegetales maduras pueden producirse por causas naturales (incendio, presión de herbívoros salvajes) o, como ha sido más habitual desde la irrupción de la especie humana, por las transformaciones que ésta ha ocasionado en forma de talas, roturaciones o sobrepastoreo.

Degradación de marojales y rebollares

La degradación de los marojales y rebollares silicícolas da lugar a matorrales en los que intervienen el enebro, la gazpotera, el arañón, diversas escobas (genista, retama) y brezo blanco; cuando se intensifica el aclareo se forman densos estepares de jara y si la iluminación se incrementa aparecen los brezales con biércol y cantueso. Las etapas más inmaduras de la serie dinámica de estos robledales son pastizales de gran diversidad florística en los que, entre otras especies herbáceas más comunes, encuentran su hábitat delicadas plantas de gran interés biogeográfico como la efedra, dedalera, etc.

Tas su alteración, los rebollares basófilos se enriquecen en gayuberas, artos, enebros o guillomeras. Si se intensifica la deforestación, estos densos matorrales son sustituidos por otros abiertos y soleados compuestos por salvia verbenaca y Salvia lavandulifolia y dos especies de espliego, donde no falta la aliaga, la ajedrea y el tomillo. El uso reiterado del fuego por el pastor sobre estos matorrales fomenta unos herbazales más pastables en los que predomina el fenalar en suelos profundos, el lastonar con aliaga y tomillo en áreas más soleadas y suelos someros o el erizón en las áreas expuestas al viento. En zonas frías como la Sierra de Herrera aparece el romero.

Degradación de carrascales

Los matorrales que se obtienen tras la degradación de los carrascales silicícolas son bastante similares a los de los robledales acidófilos. En ellos predomina la estepa con enebro, gazpotera, escaramujo y gayuba, aunque en las áreas más soleadas y de suelo menos profundo hay brezales de biércol y cantueso. La etapa subserial regresiva corresponde al tomillar con aliaga y lastón, siendo el paisaje vegetal más común en extensos montes de las sierras cuarcíticas y pizarrosas deforestadas.

Por el contrario, los matorrales propios de la serie dinámica de los carrascales basófilos contienen especies compartidas con los amplios páramos ibéricos. Así, y en una primera etapa, además de escaramujo, gazpotera, guillomo y enebro, aparece también espliego, ajedrea, sabina negral, tomarro negro y junza. Los pastizales propios de las etapas pioneras albergan especies muy resistentes a la sequía predominando el tomillo, la aliaga, el lastón, el gamón, presentando especial interés las formaciones almohadilladas de toyago, variante del erizón en los páramos más secos.