Ejército

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Las fuerzas militares ha sido una de las competencias desempeñada en exclusividad por el poder central, ya fuera la monarquía real en la Edad Media y Moderna o el Estado español a partir de la implantación del liberalismo. En la época de la reconquista también aparecieron las órdenes y cofradías militares para consolidar las conquistas. Las Comunidades de Aldeas y municipios podían tener pequeños grupos destinados a la policía y guardería rural, pero su capacidad militar a partir de la Edad Media apenas fue insignificante.


Los castillos medievales

Castillo de Peracense
Castillo Mayor de Daroca

Cuando se conquistó Calatayud y Daroca el rey Alfonso I tuvo que asegurar la nueva frontera, ocupando las fortalezas abandonadas por los musulmanes y creando otras nuevas. La fundación de Monreal del Campo pretendía asegurar la vía que conducía a Daroca desde Valencia. Todos los castillos o tenencias fueron encomendados a los tenentes, que los gobernaron por delegación del Rey.

El Rey, como señor del nuevo territorio conquistado, puede entregar una parte del territorio "en honor" o tenencia a uno de sus vasallos, con funciones prioritariamente defensivas y, en algún caso, también administrativas. A cambio, el Rey le retribuirá sus servicios de acuerdo con el nivel de responsabilidad y del apoyo que debe prestarle . La creación de las tenencias, parece seguir pautas territoriales existentes en la anterior administración, de acuerdo con la importancia económica o estratégica del lugar y, con frecuencia, un mismo señor puede ostentar a la vez varias tenencias. Los Señores o Tenentes en esta época constituyen la espina dorsal del ejército y de la defensa del territorio, llegando algunos de ellos a adquirir mucho poder con pretensiones de convertir en hereditarios los señoríos temporales que el Rey les ha concedido. Por su importancia podemos destacar los siguientes castillos medievales:

En estos años de la Reconquista también aparecieron algunas cofradías militares, mezcla de monjes y soldados. Destaca la Milicia de Cristo instalada en Monreal del Campo, muy similar a la cofradía de Belchite, creada en 1119. Estas cofradías, mitad guerreras mitad religiosas, fueron a comienzos del siglo XII un factor fundamental para la consolidación de las conquistas aragonesas hacia el sur.

Con la conquista de Teruel y el otorgamiento del fuero en 1177 el frente se desplazó hacia el sur, perdiendo muchos de estos castillos y fortificaciones su funcionalidad. A partir del siglo XIV, cuando comiencen las Guerras contra Castilla, volvieron a ocuparse los castillos y las milicias locales asumieron nuevamente el protagonismo.

El alojamiento de las tropas

El castillo de Cutanda fue derruido por los propios vecinos para evitar los acuartelamientos

A partir de finales del siglo XV, una vez unificados los reinos de Aragón y Castilla, los castillos perdieron toda su razón de ser y fueron abandonados, con algunas excepciones. Los ejércitos modernos, cuyo tamaño se incrementó hacia niveles impensables en el medievo, necesitaban grandes infraestructuras para su alojamientos y se desplazaron hacia zonas más conflictivas, como la costa marítima o las fronteras con Francia y Portugal.

En el valle del Jiloca quedaron algunas milicias urbanas, sobre todo en la ciudad de Daroca, encargadas del control del orden y la detención de los delincuentes. Sus funciones fueron básicamente de orden público.

A partir del siglo XVI no había ningún ejército real alojado en el valle del Jiloca. Solamente documentaremos su presencia coincidiendo con algunos conflictos bélicos en los que nuestro territorio se convirtió nuevamente en zona fronteriza. Destacaremos sobre todo las siguientes guerras:

Ambas guerras fueron catastróficas para el valle del Jiloca, pues la monarquía asentó a sus ejércitos en las localidades, obligando a los vecinos a alojar a los soldados y asumir todos los gastos de manutención. A medio plazo, el acuartelamiento de los ingentes ejércitos provocó la ruina de muchos municipios.

A comienzos del siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia, veremos nuevamente a los ejércitos asentarse en el valle del Jiloca, aunque en este caso se trataba de pequeños destacamentos franceses de ocupación y algunas guerrillas españolas en la sierra de Albarracín.

Poco después, en la Primera Guerra Carlista, los castillos medievales que llevaban varios siglos abandonados fueron nuevamente fortificados y ocupados por pequeños destacamentos de tropas isabelinas. Fue un breve paréntesis en la historia de estos edificios, pues tras la guerra muchos de ellos fueron derruidos por los vecinos para evitar futuros acuartelamientos, como sucedió en Cutanda o Monreal del Campo.

La Guardia Civil

Casa Cuartel de Calamocha a comienzos del siglo XX

En la segunda mitad del siglo XIX aparecen los pequeños destacamentos de la Guardia Civil instalándose en los pueblos más grandes del valle del Jiloca. Conocida popularmente como Benemérita, es el primer Cuerpo de seguridad pública de ámbito nacional surgido en España.

Por su naturaleza, se trata de un Instituto Armado militar que forma parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del país. Su presencia en el mundo rural constituyó una gran novedad, pues desde la Edad Media la presencia del ejército apenas había sido significativa en el valle del Jiloca, salvo los costosos alojamientos de tropas durante las principales guerras españolas.

Para asentarse en los pueblos se recurrió a las casas cuartel, unos pequeños acuartelamientos estables que disponen, en la mayoría de los casos, de viviendas para sus componentes y familias. A pesar de ser acuartelamientos, los gastos fueron asumidos por el Estado, librando a los municipios de nuevas cargas fiscales. Los guardias civiles se mantenían, de este modo, aislados del resto de la población y dispuestos, en todo momento, a lo que dispongan el oficial de cada puesto.

Aunque su principal objetivo es el orden público, el aislamiento social de los acuartelamientos y su férrea disciplina militar han facilitado la dependencia de las decisiones políticas del gobierno o de la cúpula militar, a veces en contra de la legislación vigente. En el valle del Jiloca, la actuación de la Guardia Civil en Daroca o Calamocha fue fundamental para consolidar el alzamiento de julio de 1936. A nivel de España, la Guardia Civil se dividió entre los dos bandos enfrentados, al igual que hizo el resto de la sociedad.

Otro acontecimiento engrosa las fuerzas del Instituto, porque la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil nace conforme a la Instrucción General del Cuerpo número 5 de fecha 22-VII-1959, y su creación afecta igualmente a todo el territorio aragonés. En 1988 la dirección de la Guardia Civil establecía la creación de la especialidad del Servicio de Protección de la Naturaleza (SE.PRO.NA.), para velar por el cumplimiento de las disposiciones que tiendan a la conservación de la naturaleza y el medio ambiente.

Los principales acuartelamientos se localizaban en las cabeceras judiciales, Calamocha y Daroca, pues actuaban como cuerpo judicial a las órdenes de un capitán. A finales del siglo XIX se reestructuró la presencia de la Guardia Civil en el valle del Jiloca, cerrándose muchos cuarteles.

Reclutamientos y militares

Recreación de la hazaña de Miguel de Bernabé
Busto de Mariano García en la localidad de Báguena

Los vecinos del valle del Jiloca formaron parte de las milicias medievales que arrebataron estas tierras a los musulmanes. Posteriormente, cuando los ejércitos reales aumentaron de tamaño y se independizaron del poder municipal, algunos jilocanos ocuparon cargos preeminentes o destacaron por su valor y heroísmo. Es justo destacar a los siguientes:

Siglo XIV

Siglo XVI

Siglo XVIII

Siglo XIX

Siglo XX

Batallas y episodios bélicos

Además de héroes, la guerras suelen dejar sobre todo víctimas, muertes y destrucción. Han sido varios los enfrentamientos entre los ejércitos en el valle del Jiloca, coincidiendo con las principales guerras que asolaron la Península Ibérica y con la presencia de tropas alojadas en algunos de los pueblos o en las fortificaciones y castillos. Por haber dejado huella en la memoria de la gente, se pueden destacar las siguientes:

Bibliografía