Educación

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La educación puede definirse como el proceso mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. A través de la educación, las nuevas generaciones asimilan y aprenden los conocimientos, normas de conducta, modos de ser y formas de ver el mundo de generaciones anteriores, creando además otros nuevos. La educación, sobre todo la conocida como formal, hace referencia a los ámbitos de las escuelas, institutos, universidades, etc.

Las escuelas municipales

Colegio de Escuelas Pías de Daroca, el principal centro educativo del valle del Jiloca entre 1729 y 1970

Durante muchos siglos, la única educación formal que encontramos en el valle del Jiloca era impartida por los maestros en las escuelas municipales, limitada a transmitir unos conocimientos básicos: leer, escribir y sencillas operaciones matemáticas. Los maestros formaron parte de los conducidos del municipio, una denominación que hace referencia a la forma en que se determinaba su trabajo a través de un “conducto” o pacto. Recibía su salario del repartimiento efectuado entre todos los vecinos que tenían hijos en edad escolar, en proporción al número de estos, independientemente de si iban o no a la escuela. El Ayuntamiento aportaba otra cantidad por los niños pobres. Para completar su salario, muy mermado hasta nuestros días, el maestro debía desempeñar otras funciones. En el año 1738 el maestro de Cutanda “por tañer el órgano, gobernar el reloj y enseñar a los niños” recibía del Concejo 10 cahíces de trigo.

Destacar que sólo tenían derecho a la educación los niños, y no todos acudían a la escuela puesto que no era obligatorio. Las mujeres no entrarán en el sistema educativo hasta las reformas liberales del siglo XIX.

La educación secundaria era prácticamente inexistente, salvo algunos colegios de congregaciones religiosas en Teruel, Daroca y Calatayud:

Desde mitad del siglo XVII surgieron pequeñas escuelas de Gramática en diferentes lugares de la Comunidad, vinculadas a eclesiásticos locales, con el fin de proporcionar una educación secundaria más barata a los alumnos de las aldeas. En 1658 funcionaba una escuela en Villarroya del Campo, a cargo de mosen Miguel Marco, con un número de alumnos importante; otras escuelas, de forma más o menos consentida por las autoridades eclesiásticas, funcionaron en Orcajo, Villarreal de Huerva y Odón. En Cubel se creó el colegio de la Trinidad hacia 1731. Una Escuela de Gramática se erigió en Herrera de los Navarros a mitad del siglo XVIII, bajo la dirección del párroco de la localidad Bonifacio Lahoz.

El párroco de Atea, don José Domínguez creó en este pueblo una Escuela de Latinidad, que funcionó al menos desde el año 1829 a 1905, según documentos que conservan en la casa familiar.

Ley Moyano

La Ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1857, conocida familiarmente como Ley Moyano, definió un nuevo marco jurídico de la educación. A nivel de gestión, cambiaba muy poco la estructura educativa, que seguía dependiendo de los Ayuntamientos a través de la Junta Local de Enseñanza, tal y como lo habían hecho en los siglos anteriores. Sin embargo, como novedad, se otorgaba al Gobierno Central amplias competencias en cuanto a la inspección y la vigilancia de los establecimientos educativos. En cada provincia apareció un Inspector de Primera Enseñanza que se dedicará a visitar todas las escuelas, elevando los correspondientes informes a las Juntas Locales y provinciales .

La Ley Moyano establecía la enseñanza obligatoria para todos los españoles entre los seis y doce años. Previamente, una ley de julio de 1838 y dos Reales Decretos de septiembre de 1847 y diciembre de 1852 ordenaba la escolarización de las niñas, incluyendo al grupo femenino en el sistema educativo, del que había estado excluido los siglos anteriores. La obligatoriedad de educar a las mujeres levantó no pocas protestas entre los ayuntamientos más pequeños, pues duplicaba el número de maestros y de recursos que debían destinar a las escuelas. En febrero de 1852 el Gobernador de la provincia de Teruel envía una circular a todos los ayuntamientos en la que se insiste en la aplicación de las leyes que obligaban a escolarizar a las mujeres, puesto que eran muchos los municipios que las incumplían. En algunos pueblos del valle del Jiloca, caso de Luco de Jiloca, se contesta garantizando el cumplimiento de la ley, aunque se consideraba que escolarizar a las niñas “es una pérdida de tiempo y de dinero” .

La enseñanza obligatoria para todos no implicaba igualdad en la educación. Los niños estaban obligados a aprender doctrina cristiana, lectura, escritura, gramática básica, aritmética y breves nociones de agricultura, industria o comercio que variarán en función de las localidades. En cuanto a las niñas se insistía en que aprendan nociones propias de su sexo, como labores, elementos de dibujo, higiene doméstica .

Las leyes liberales ayudaron a mejorar sustancialmente el sistema educativo, pero al seguir dependiendo en primera instancia de los Ayuntamientos y Juntas Locales, el nivel de la enseñanza impartida en las escuelas dependería del interés municipal y de la profesionalidad del maestro, y esta última se veía limitada por numerosos factores exógenos.

Este afan de renovación y regeneracionismo, sobre todo en la segunda mitad de la centuria, se aprecia también en la prensa, con numerosas publicaciones destinadas a mejorar la Instrucción primaria.

La Restauración

En las últimas décadas del siglo XIX encontramos muchas críticas en las publicaciones educativas por el hecho de que sean los Ayuntamientos quienes se hagan cargo de pagar los haberes de los maestros, pues los concejales ven a la educación como una gravosa carga para la economía de la localidad. Pagan poco, mal y tarde, apareciendo continuas denuncias en los periódicos contra Ayuntamientos que no habían abonado regularmente las nóminas.

Se insiste una y otra vez en que debe ser el Estado el que se haga cargo de los costes del Magisterio. Se crean cajas provinciales donde los Ayuntamientos entregan el dinero de la educación y, posteriormente, se encarga de abonar los salarios a los maestros, pero tampoco funcionan. Las deudas de estas cajas van incrementándose por el impago de muchos municipios. En agosto de 1900, ante una situación insalvable y la presión de los maestros y de sus publicaciones instructivas, el Estado decide hacerse cargo del pago de los haberes de los maestros. A partir de este momento la Administración Central se hará cargo del personal docente, mientras que los Ayuntamientos deberán encargarse del mantenimiento de las instalaciones, un reparto de funciones que se ha mantenido hasta nuestros días.

La regeneración de la educación estuvo acompañada de una proliferación de los estudios de pedagogía y de la búsqueda de nuevos materiales con los que plantear una buena educación. Aunque desempeñaron la mayor parte de su trabajo fuera del valle del Jiloca, por haber nacido en esta tierra podemos destacar a los siguientes:

Otros Centros Docentes

Colegio de la Salle en Monreal del Campo
IES de Calamocha
IES Comunidad de Daroca

La educación, para la mayoría de los niños, se iniciaba y acababa en las escuelas municipales. Eran muy pocos los que podían permitirse salir a estudiar fuera de sus localidades. La enseñanza primaria estaba en manos de la administración pública, siendo muy pocos los colegios privados. En cambio, la educación secundaria estaba en manos de congregaciones religiosas, que aprovechaban sus instituciones educativas para captar nuevos religiosos.

En la primera mitad del siglo XX, a la oferta del Colegio de Escuelas Pías (Daroca) hay que añadir otros colegios de primaria y secundaria relacionados con nuevas órdenes religiosas que se instalaron en algunas localidades:

La preeminencia de estas congregaciones fue puesta en duda durante la II República, sobre todo en 1931-1933, pero fue un pequeño paréntesis, pues continuaron funcionando hasta finales del siglo XX. Todos los niños que deseaban continuar la educación secundaria debían ingresar en uno de estos colegios, ya fuera Teruel, Monreal del Campo, Daroca o Calatayud.

La preeminecia de la educación secundaria de carácter religioso en el valle del Jiloca solo empezó a declinar con la llegada de la Democracia y la construcción de los nuevos Institutos de Educación Secundaria y Bachillerato por parte del Estado:

Maestros destacados

Los "maestros de pueblo", un colectivo muy devocional y mal pagado hasta bien entrado el siglo XX, han constituido en muchas localidades auténticos faros ilustrados con más o menos influencia en las élites políticas y sociales.

Entre los numerosos maestros que han tenido nuestros pueblos merece la pena destacar a los siguientes:

Bibliografía

  • Carreras Asensio, José María (1998): "Maestros de niños en la comarca del Jiloca Medio durante los siglos XVII-XVIII. Una aproximación", en Xiloca, nº 22, p. 229-243 [Texto completo]
  • Hernández Moreno, José Antonio (2002): "Los maestros republicanos monrealenses", en Xiloca, nº 30, pág. 15-42 [Texto completo]
  • Mañas Ballestín, F. (2003): "Enseñanza, música y leyendas", en La Comarca del Campo de Daroca, Zaragoza, Gobierno de Aragón, p. 229-245 [Texto completo]