Agricultura

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Campo de rosa en Pozuel del Campo

La agricultura ha sido la actividad económica más importante en el valle del Jiloca, tanto por la población activa ocupada, como por la riqueza que genera. En la mayor parte del valle predominan los cultivos de secano dedicados al cereal. Solo las terrazas fluviales del Jiloca y Pancrudo, una mínima parte del valle, se explota en regadío, de forma eventual, con limitaciones de agua durante los veranos.


Un poco de metrología

Durante muchos siglos se han utilizado en el valle del Jiloca las siguientes unidades para mensurar los productos agrícolas y los campos donde se cultivaban:

Las primeras medidas se utilizaban en Luco de Jiloca, Burbáguena, Báguena, San Martín, Daroca y localidades cercanas, mientras que el cahiz y sus fracciones era preferido en El Poyo, Fuentes Claras, Caminreal y el sur del valle. Esta separación geográfica no es tan exacta como pudiera parecer, ya que en Calamocha, al igual que en otras localidades, se utilizan ambos sistemas. En el catastro de 1834 de Calamocha las parcelas de secano están medidas en yuntas mientra que el regadío es mensurado en cahíces, robos y almudes.

Estas medidas de superficie, como sucede con los sistemas métricos tradicionales, tienes sus equivalencias en medidas de volúmen o capacidad, con pequeñas variaciones semánticas para distinguirlas. No es extraña esa equivalencia, ya que una cahizada era, en sus orígenes, la tierra que se podía sembrar con un cahiz de semillas. Eran utilizadas sobre todo para medir el cereal, destacando las siguientes:

En el año 1868 se impuso en toda España el uso del sistema métrico decimal de origen francés, obligando a todos los Ayuntamientos a disponer de un juego de medidas basadas en el metro y en el litro. Este nuevo sistema se impondrá poco a poco, aunque a finales del siglo XX todavía quedaban muchos agricultores que seguían utilizando las medidas tradicionales.

Los rendimientos de la tierra: secano y regadío

Los Ojos de la Rifa de Caminreal han experimentado una continua presión roturadora

La proximidad al agua, elemento imprescindible para el cultivo agrícola, y la posibilidad o no de regar la tierra son unos factores productivos de enorme importancia en todo el valle del Jiloca.

Las mejores tierras del valle, las más productivas, se localizaban en las estrechas terrazas fluviales del valle del Jiloca. La llana topografía de la cuenca restringe enormemente la extensión del riego. Los azudes que encontramos se limitan a ejercer una función canalizadora, desviando parte del caudal hacia la acequia y permitiendo que el resto discurra por el río madre. A exepción del reciente pantano de Lechago, el resto de los azudes no permite almacenar el agua ni conservarla para épocas de sequía.

La superficie regable se ha incrementado muy poco a lo largo de la historia. Las principales acequias ya debían estar funcionando a finales de la Edad Media. La expansión de los cultivos de regadío se debió a la roturación de zonas humedas (Ojos del Jiloca, laguna del Cañizar (Villarquemado), prados, suertes y baldíos propiedad de los Concejos, etc.) y a la difusión de numerosas norias y pozos en el siglo XX en el Alto Jiloca y Llanos de Singra.

A partir de los márgenes de las estrechas terrazas fluviales, prolongándose hasta los montes, se extiende el secano. No todo es igual. Gran parte del secano ha permanecido yermo, destinado a proporcionar pasto al ganado lanar, mientras que otras tierras, sobre todo las localizadas en los fondos de las ramblas, han sido roturadas y puestas en cultivo desde tiempos inmemoriales.

La diferencia entre el anterior regadío y el secano es enorme y no podemos ignorarla si queremos comprender la historia del valle del Jiloca. Los principales núcleos de población se localizan en la vega del Jiloca, aprovechando los cultivos de regadío, mientras que en las sierras o piedemonte las localidades son mucho más pequeñas, adaptándose la población a la escasez de recursos naturales. Al mismo tiempo, en la vega se puede asegura la cosecha o cultivar plantas con alto valor añadido, como el cáñamo, la remolacha, el maíz o la patata, mientras que en el secano predominarán los cultivos cerealísticos (sin olvidarnos de otros productos también valiososos como el azafrán y la vid).

Productos cultivados

Hay que tener en cuenta que se trata de un área en las que las temperaturas son bajas, lo que ha favorecido el cultivo de extensas superficies cerealísticas, que se acomodan bien a las potencialidades que ofrece en conjunto el medio físico y en concreto la climatología del área, con periodo libre de heladas corto. Por este motivo los cultivos leñosos están menos representados, aunque tienen más importancia en los municipios situados junto al río Jiloca.

Los cultivos más representativos a lo largo de la historia han sido los siguientes:

A estos cultivos hay que añadir la existencia de pequeños huertos en donde las familias obtenían hortalizas y verduras. Estos huertos podían regarse con pequeñas acequias o, en los pueblos de la sierra, con pozos.

Los cultivos han evolucionado con el paso de los siglos, siendo ahora muy marginales la plantación de zumaque, membrilleros, etc.

La propiedad de la tierra

La diferencia entre el valor del regadío y el secano tenía su equivalencia en la estructura de la propiedad de la tierra.

En los pueblos ribereños del Jiloca, donde la vega era más amplia e importante económicamente, las desigualdades sociales eran más intensas. Unas pocas familias y conventos religiosos acapararon durante siglos las mejores parcelas agrícolas, sobre todo las localizadas en regadío. En Calamocha en el año 1834 dos contribuyentes acumulaban el 40,6 por ciento de toda la riqueza agrícola del municipio. Esto no implicaba la existencia de latifuncios, pues esos dos mismos propietarios solo controlaban el 15,2 por ciento de las tierras, eso sí, las de mayor calidad y gran parte de las de regadío.

Es precisamente en los pueblos ribereños del Jiloca, a causa de esa concentración de riquezas en pocas familias, donde podemos encontrar las principales casas solariegas y palacios del valle.

En los pueblos alejados del valle del Jiloca la estructura productiva es más igualitaria, pues además del trabajo de la agricultura también era muy importante la ganadería, aprovechando los pastos de los secanos de peor calidad y de las faldas montañosas. Eso no implica que tambien encontremos algunas familias propietarias viviendo en grandes casonas, pero con una proporción muy inferior a la de los pueblos ribereños del Jiloca.

Desde 1950, coincidiendo con el despegue económico de las ciudades, la emigración rural y la desvalorización de la tierra, la estructura de la propiedad de todo el valle del Jiloca se ha transformado. Las grandes familias nobiliarias desaparecieron, vendiendo la mayor parte de sus propiedades. Los ínfimos labradores y jornaleros, tan abundantes en las primeras décadas del siglo XX, también desaparecieron, emigrando a las ciudades. Estos dos procesos han permitido la consolidación del mediano y gran labrador, que cada vez necesita más superficie para mantener la viabilidad de sus explotaciones económicas.

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Bibliografía

  • Playán Jubillar, Enrique y Martínez Cob, Antonio (1999): "Simulation of basin irrigation scheduling as a function of discharge and leveling", Investigación agraria. Producción y protección vegetales, Vol. 14, Nº 3, pags. 545-554 [Texto completo]
  • Benedicto Gimeno, Emilio (1992): "Estudio sobre la economía calamochina del primer tercio del siglo XIX . 1" Xiloca: revista del Centro de Estudios del Jiloca, 11, p. 151-174 [Texto completo]