Arte mudéjar

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Palacio de los Luna en Daroca

Llamamos mudéjares a los musulmanes que se quedaron a vivir en las tierras reconquistadas por los cristianos. Aunque se dedicaron a varios oficios, destacaron en algunos, especialmente en los de la construcción, madera, textil o cerámica.

Su habilidad en ellos fue reconocida tanto por la realeza como por las autoridades nobiliarias o eclesiásticas que contrataron a los artistas y artesanos mudéjares para construir sus residencias o sus tempos. La relación entre las comunidades cristiana, judía y musulmana fue habitualmente de colaboración, aunque no llegó a ser igualitaria. Existía una separación legal y física entre ellas. El arte mudéjar, el único típicamente español, nace de esa historia medieval española. La presencia de musulmanes en la Península durante varios siglos tuvo, como una de sus consecuencias más notorias, la aparición de un arte en el que se conjugan elementos cristianos e islámicos.

La mayoría de los monumentos mudéjares conservados son iglesias, aunque también hubo otros edificios civiles que se construyeron. También hubo numerosos elementos de arte mueble, desaparecidos casi en su totalidad: alfombras, muebles, orfebrería, vestidos, cerámicas, instrumentos musicales o de adorno personal… Cuando hablamos del mudéjar se debe entender un arte con unas peculiaridades estéticas que lo definen. Se trata de creaciones que tienen una serie de elementos distintivos independientemente de la nacionalidad o religión de sus creadores. No se trata, por tanto, del arte hecho por mudéjares, sino que debe cumplir una serie de características estéticas.

Algunas de esas características las podemos descubrir en el deseo de cubrir toda la superficie con decoración que podría prolongarse indefinidamente; en la repetición de elementos geométricos; en la consideración del ladrillo como elemento constructivo y decorativo indistintamente; en el uso de este material junto a la cerámica decorativa en los exteriores, junto con extraordinarias labores de madera y yeso. Junto a elementos islámicos su encontrarán otros de tradición cristiana: arcos de medio punto o góticos cristianos junto a otros mixtilíneos o entrelazados de tradición islámica pueden aparecer juntos. El arte mudéjar fue evolucionando a lo largo de los siglos. Con el paso del tiempo, los elementos cristianos irán destacando sobre los islámicos. El torno al Jiloca casi todo lo que ha permanecido son torres o iglesias, excepto un palacio señorial que se conserva en Daroca. Si recorremos las distintas localidades que conservan monumentos mudéjares en el área del Jiloca, podremos hacer un recorrido por todas las etapas de su existencia: del siglo XIII al XVII. Todo un ejemplo de convivencia a lo largo del tiempo y de compartir el mismo gusto estético.

Románico-mudéjar

Iglesia de San Juan de la Cuesta de Daroca
Iglesia y torre de Santo Domingo de Daroca

En relación con la crisis económica que abre en la comarca la conquista de Valencia, a donde se dirigirá buena parte de la población y recursos económicos, se introduce en Daroca el arte mudéjar. No en vano, la construcción en ladrillo resulta más barata que en piedra, y también cabe pensar que los alarifes mudéjares constituyeran una mano de obra más asequible que los cotizados picapedreros norteuropeos.

La ruptura es tan brutal, que se aprecia en los mismos muros de las iglesias de San Juan de la Cuesta y Santo Domingo de Silos, empezadas en sillar y terminados en ladrillo hacia finales del siglo XII y principios del XIV. Se trata, sin embargo, de un mudéjar muy respetuoso con las soluciones románicas: las lesenas o medias columnas románicas, se continúan mediante pilastras de ladrillo y el friso superior de arquillos ciegos apoyados sobre ménsulas y modillones de rollos traspone fielmente los ábsides de Santa María y San Miguel, netamente románicos.

En la torre de Santo Domingo sus esquinas son rematadas con sillares de piedra. Algunos elementos son netamente mudéjares, como las tres ventanas lobuladas de la iglesia de San Juan, o los vanos inferiores de la torre de Santo Domingo.

En definitiva, se trata de un estilo peculiar, de transición entre el románico y el gótico-mudéjar, que convierte a estos edificios en piezas únicas y en, quizá, los representantes más antiguos de arte mudéjar aragonés.

Arte gótico-mudéjar

Torre mudéjar de Romanos
Archivo:Torre mudéjar baguena.jpg
Torre mudéjar de Báguena

Frente al románico en ladrillo de los primeros edificios mudéjares de Daroca, el mudéjar pleno configura un estilo con una enorme personalidad propia, cuyas formas pervivirán más allá del gótico clásico durante el Renacimiento, el Barroco e, incluso, hasta nuestros días.

En muchos aspectos, singularmente, en los edificios religiosos, la construcción en ladrillo llegará a un compromiso con los estilos cristianos. Así, por ejemplo, las techumbres en madera son escasas en las iglesias y claustros, donde se prefiere ejecutar bóvedas en ladrillos. Las galerías de arcos apuntados o de medio punto son un compromiso con las formas góticas y renacentistas.

El elemento más característico de la arquitectura mudéjar son, sin duda, las torres, herederas directas de los alminares hispanomusulmanes. El valle del Jiloca y su afluente el Pancrudo ofrecen un repertorio completo de iglesias y torres en sus diversos estilos desde las torres románico-mudéjares hasta el mudéjar tardío de la ribera del Jiloca.

La alta valoración de estos campanarios viene dada por su belleza y por el hecho de que fueron levantados para Iglesias góticas construidas en sillería o mampostería. Cuando se levante el nuevo templo barroco en algunas de las poblaciones citadas, serán respetados.

También se conservan en la ciudad de Daroca interesantes ejemplos de arquitectura civil gótico-mudéjar, como la Casa Palacio de los Luna, la Casa del Diablo Royo y el Hospital de Santo Domingo.

Además de las iglesias, torres y de la arquitectura civil conservada, podemos encontrar algunos otros elementos mudéjares aislados en las comarcas de Campo de Daroca y del Jiloca. En la primera de ellas, dentro de la provincia de Zaragoza, hay varios elementos singulares en algunos de sus templos. Así en la localidad de Anento podemos admirar un púlpito mudéjar en la iglesia parroquial. Se trata de una importante obra, con decoración de yesería, que se ha fechado en el siglo XV. Si vamos a la localidad de Used, en su iglesia encontraremos una puerta de sacristía con trabajo de lacería mudéjar. En la antigua ermita de la Virgen de la Carrasca de Blancas (Teruel) se ha conservado un pequeño fragmento de decoración de esgrafiados mudéjares en lo que fue la cabecera del templo hasta la construcción del nuevo en el siglo XVIII. Se trata de un motivo de entrelazos en tonos blancos, negros y marrones, que podría fecharse en los comienzos del siglo XV. Este tipo de decoración recubriría los muros de muchos edificios mudéjares en la Edad Media.

Influencia mudéjar en el arte barroco

Torre de Ferreruela de Huerva
Iglesia de Acered

En numerosas construcciones que tuvieron lugar en los siglos XVII y XVIII, tanto en arquitectura religiosa como en la civil, la influencia de lo mudéjar se dejó sentir en algunos elementos constructivos. Cualquier visitante atento puede encontrar, en las localidades en torno al río Jiloca, algunos elementos decorativos que le recordarán la tradición mudéjar: profusión decorativa de tipo geométrico, yeserías con temas de entrelazo, ladrillo repitiendo motivos ornamentales tradicionales, uso de la cerámica vidriada en interiores y exteriores...No se trata de hacer aquí un inventario completo, sino de nombrar algunos ejemplos que ayuden a descubrir otros.

  • En cuanto a yeserías barrocas, con elementos de lacería de inspiración mudéjar, se pueden nombrar, entre otras, las de la iglesia de Acered, cuya bóveda central y cúpula aparecen cubiertas de entrelazos de tipo geométrico. También este tipo de decoración la podemos descubrir en la iglesia de Torralbilla, o en la capilla barroca de la iglesia de San Miguel de Daroca. Todas estas decoraciones son de finales del siglo XVII y muestran una pervivencia en el gusto por la ornamentación con elementos geométricos, así como la perduración en el tiempo de las técnicas de trabajo con yeso como material decorativo.
  • Si nos fijamos en el uso de los azulejos de cerámica vidriada como elemento decorativo, basta con acercarnos a numerosas iglesias aragonesas en las que hay paredes con arrimaderos de cerámica, de Muel en las tierras del Jiloca. Por poner dos ejemplos de distinto siglo: el presbiterio de la parroquia de Bello (finales del siglo XVI) y la capilla de los Lagunilla en la iglesia de Bañón, de finales del XVII. También en el exterior de algunos edificios se utilizó la cerámica, como elemento decorativo, en el arte barroco. Si bien cabe suponer influencias mudéjares en su utilización y en el gusto por los reflejos que crea, está lejos del sistema decorativo mudéjar. Aún así su eco se puede percibir en algunos cimborrios barrocos en los que se utilizaron ladrillos aplantillados y se colocaron cerámicas coloristas que recuerdan vagamente lo mudéjar. Tal es el caso de Burbáguena o Caminreal.

También algunas casonas señoriales, como la de los Mateo en Monreal del Campo, recurrieron a motivos mudéjares para decorar sus fachadas. Ya en época moderna, algunos peirones aparecen decorados con ladrillos en esquinilla o al tresbolillo.

Bibliografía