Peracense

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Peracense.jpg
Localizada en plena cordillera Ibérica, en los confines de Aragón y Castilla, en un risco de la Sierra Menera y al pie de la de Almohaja, con el núcleo de población asentado en un llano, pero a 1.217 metros de altitud, junto al cerro de San Ginés, que con sus 1.613 metros es considerado el "Mirador del Jiloca". Dista 52 kilómetros de Teruel, y a su alrededor se encuentran los términos de Villar del Saz, Villafranca del Campo, Almohaja y Ródenas.

En la Edad Media y Moderna, hasta el siglo XIX, formó parte de la antigua Sexma del río Jiloca, en la Comunidad de Aldeas de Daroca.

Los peracensinos, cariñosamente conocidos con el apelativo de zorros, iniciaron el siglo XX con 356 habitantes, censo que se mantuvo hasta mediados de la centuria en que por efecto de la emigración se redujo a los 126 que hoy residen en la localidad. Desde los primeros años de la década de los 90 carece de escuela. Hasta 1834 perteneció a la Comunidad de Daroca y, tras la desaparición administrativa de ésta, por su situación fue sucesivamente incluida en las comarcas de Teruel, Albarracín y, por último, en la de Calamocha.

La extensión del término municipal es de 2.859 km2; cultivadas hay sólo 578 Ha. de regadío, 600 son de prados y pastizales, y una muy extensa zona forestal de 1.230 Ha. aproximadamente. El cultivo más extendido es el de cereal, y en cuanto a cabaña ganadera la de lanar. El término es rico en gayubazo y espliego, ambas de probadas virtudes medicinales, que proporcionan flor a numerosas colmenas. Hasta hace poco se explotaba el azafrán, también se extraía hierro de varias minas reclamadas como propiedad municipal. Desde el punto de vista cinegético se caza conejo, liebre, perdiz, codorniz, y a veces, jabalí.

En 1845, Pascual Madoz en su "Diccionario" describe a Peracense como "lugar de terreno quebrado, de secano, con clima frío, compuesto de 50 vecinos, 200 almas, con 35 casas en cuatro calles y una plaza... con varios pedazos de monte cubierto de carrascas, enebros y chaparros".

Sin embargo, en la actualidad se depositan las esperanzas en el sector turístico, tal como indica su alcalde, Ramiro Domínguez Lorente, sobre todo al arrimo de la belleza de su entorno natural y, especialmente, de la grandiosidad de su recién restaurada fortaleza, que puede visitarse fácilmente con guías de la localidad que informan de su pasado más glorioso.

También se han efectuado arreglos en Las Lagunas, antiguas graveras hoy reconvertidas en un parque de más de 60.000 m2, donde acuden diversas especies de aves desde distintos lugares de Europa para concentrarse y pasar la invernada en estos parajes. El entorno es abundante en fuentes naturales, de las cuales las de Canalejo Enebro, Tío Narciso y Los Casares se han transformado en merenderos y atractivos lugares de descanso.

En la última década Peracense ha sufrido una notable transformación, además de las obras citadas se han ajardinado amplias zonas de la población, se ha hecho un gran depósito para agua potable, polideportivo con frontón, un Centro Social para las asociaciones de la Tercera Edad "San Blas" y para la de Amigos del Castillo, nuevo consultorio médico, hostal-restaurante y la canalización de la rambla.

Medio natural

Lo más espectacular de las cercanías de Peracense es el rodeno: conglomerados y areniscas del Triásico inferior (Facies Buntsandstein), de color rojizo, que forman las sierras situadas al suroeste del pueblo y en las que se asienta su conocido castillo. Presentan un modelado en tormos y formas fungiformes, generados por los procesos de alteración de la arenisca a partir de la red de fracturación. También hay que mencionar la presencia del cerro aislado de cuarcitas ordovícicas de San Ginés, que alcanza 1.603 m de altitud, y que constituye un relieve residual que destaca más de 300 m sobre el fondo de la amplia nava en que se asienta el pueblo. Toda esta parte meridional tiene composición silícea, con formaciones vegetales de jaras. La parte noreste del término municipal se compone de calizas jurásicas, presentando un aplanamiento generalizado por superficies erosivas. Una buena panorámica de este sector, así como de la depresión del Jiloca y Sierra Palomera, puede observarse desde lo alto del castillo de Peracense.

La vegetación dominante en esta zona son las carrascas, entre las que destaca un ejemplar muy antiguo, cerca del pueblo, en Los Sasos, así como en las laderas sobre Peracense. En la parte alta aparece el encinar, mientras que en la parte media y baja el dominio corresponde a un jaral con brecina, en la que se encuentran ejemplares dispersos de marojo.

Demografía

Dentro de la Comunidad de Daroca pertenecía a la Sexma del Jiloca, fue aldea hasta 1711, lugar en 1785, y tuvo ayuntamiento propio en 1834. Formó parte del partido judicial de Albarracín hasta 1965 en que se incorporó al de Teruel. Desde 1469 fue cárcel de la Comunidad. En cuanto a los recuentos de población más antiguos, vemos que proporcionó 7 maravedís en 1370, 8 en 1414, 7 fuegos en 1495, 13 en 1541, 22 en 1646, 58 en 1713, 62 en 1797 y 50 en 1848. En el Archivo Histórico Diocesano de Teruel se conserva importante documentación de los fondos antiguos de la parroquia de San Pedro Apóstol.

Variación demográfica del municipio entre 1990 y 2004
Año 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1981 1991 2001 2004
Habitantes 356 402 406 442 407 360 302 185 108 102

Además de la propia localidad, la población residía en masadas y caseríos cercanos. En el censo del año 1860 aparecen los siguientes asentamientos humanos dispersos: la tejería y las masías de José López y Mariano Domínguez.

Algunos datos de su historia

La localidad de Peracense en 1924

Según tradición local fue lugar de descanso del Cid Campeador en sus correrías por la zona. Fue reconquistada a los árabes por Alonso II y Jaime I en su camino de Teruel a Valencia. Los datos más salientes de la historia de Peracense andan, como no podía ser menos, bastante ligados al devenir de su castillo, por su situación estratégica en la frontera castellanoaragonesa, pues sufrió frecuentes ataques de las huestes castellanas durante los siglos XIV y XV. Ya en 1221 figura el castillo en el Cartulario de Aliaga, más tarde desde allí partiría Pedro III en 1284 para conquistar Albarracín a Pedro de Azagra. En 1301 estuvo al servicio del rey de Castilla, y hasta 1310 perteneció al señorío de los Ximénez de Urrea, hasta que junto a Almohaja, fue vendido por 605.000 sueldos jaqueses a la Comunidad de Daroca, lo que motivó algunos disturbios hasta 1317. A partir de 1336 estuvo en la primera línea de la Guerra de los Pedros entre los reinos de Castilla y Aragón, lo que concedió a la localidad su mayor protagonismo histórico.

Este castillo fue uno de los siete ubicados en la frontera con Castilla, estaba definido como puesto avanzado de vigilancia y núcleo de resistencia periférica. Hay una Orden del Rey a la Comunidad de aldeas de Daroca para que inmediatamente nombren un alcaide para el castillo de Peracense, que sea idóneo, disfrutando los fueros y preeminencias que a su clase corresponde (Zaragoza, 16-VI-1337).

Considerado como oficio mayor de la Comunidad, el alcaide de Peracense era uno de los cargos establecidos por el rey para la "buena gobernación y regimiento" del Reino de Aragón. El primero conocido fue Juan Jiménez de Urrea (1301-1317), durante siglos se vino regentando ininterrumpidamente este cargo hasta su desaparición en 1702 al perder importancia estratégica el castillo y por lo gravoso de su mantenimiento para la Comunidad. Tras su nombramiento era costumbre tomarle juramento de fidelidad al rey y a la comunidad en un acto protocolario llamado Homenaje de manos y boca, antes de tomar posesión de la fortaleza.

Los gastos del castillo eran afrontados con la suma que el alcaide recibía por sus oficios, que era de mil sueldos durante los siglos XIII y XIV, de 500 hasta 1535, cifra que fue descendiendo paulatinamente hasta la desaparición del cargo. Entre los numerosos nombres que lo ostentaron y que figuran en diversos documentos, tenemos a Gonzalo Fernández de León (1370), Pedro Martínez Jurado (1373), Jaime Perea de Blancas (1476), Juan Lope (1533) o Lorenzo Mateo de Singra (1575).

De nuevo el castillo tuvo funciones castrenses en las guerras carlistas entre 1835 y 1840, dando alojamiento a una guarnición de soldados isabelinos. Aunque en 1839 el tradicionalista Polo y Peyrolón tomó Peracense, no pudo hacerlo con el castillo. Todavía tras la guerra de 1936, y dadas las características del terreno, por la zona circularon algunos grupos de maquis.

Escudo y bandera

Hay que destacar en este punto la doble versión que sobre el escudo se tiene. Una primera reproducida en diversas publicaciones, arranca de 1876, cuando la alcaldía de Peracense define sus armas en la forma siguiente: "De plata, con un par de llaves de oro azuzadas y surmontadas por una diadema real abierta del mismo color".

La circunstancia de que ningún tratadista del blasón diera noticia del mismo en sus nobiliarios, el no estar definido de forma clara y alguna otra cuestión llevó a la conclusión de que no podía considerarse representativo de la localidad, pues se echan en falta alusiones al castillo o a su medio natural. Por todo ello, en sesión plenaria del 17 de noviembre de 1997, la corporación municipal, tras las certificaciones correspondientes, aprobó adoptar escudo y bandera según los términos siguientes: Escudo de armas: Cuadrilongo de base redondeada. De gules, torre de oro mazonada de sable y aclarada de azur, sumada, en el centro, de una encina de sinople fileteada de oro, de seis ramas con sendas hojas, y en los lados de dos estandartes con el Señal Real de Aragón y asta de plata con moharra; empinados a los flancos de la torre, dos zorros rampantes de oro. Al timbre corona real abierta. Bandera: Paño con proporciones equivalentes a tres medios de su anchura; paño amarillo con cuatro franjas horizontales rojas en el batiente. Al asta un rombo de la altura del paño, con una torre amarilla, con la puerta y dos ventanas azules, y sumada en su centro una encina verde de seis ramas con sendas hojas, perfilada de amarillo; a los lados de la torre, dos zorros rampantes amarillos.

Patrimonio arquitectónico

Junto al castillo y restos históricos del entorno comentados ya, en el núcleo urbano encontramos bien cuidados edificios, con casas que responden a una bella arquitectura popular donde domina el color rojo de la piedra de rodeno. Destaca la casa solariega de Don Pepe.

La rambla que atraviesa la localidad por el centro, cuyos márgenes están bellamente ajardinados. Entre las obras acometidas en los últimos años hay que destacar la restauración del horno antiguo, el Ayuntamiento, la nueva fuente de la plaza y la remodelación de las escuelas para nuevos fines culturales.

La actual Iglesia parroquial de San Pedro se construyó en 1740, si bien debió de existir otra anterior, tiene planta basilical de tres naves, con cúpula interior sobre pechinas y gran cornisa externa. La torre mide 30 metros y ha sido restaurada también en fecha reciente. Tiene un reloj de sol.

En el vecino monte de San Ginés se encuentra una ermita dedicada a este mismo santo, donde anualmente se acude en romería, asimismo reformada hace poco.

Los peirones están en buenas condiciones de conservación y situados al comienzo de los caminos, el de San José hacia Almohaja, el de San Gregorio en el del Royo, cara Villafranca, el de San Miguel hacia Villar del Saz, el de San Marcos, camino de Ródenas, sobre una roca bajo el Morrón, y por último el de la Virgen del Pilar en la partida del Arcillero, con su fuente y zona ajardinada, marcando la vía hacia Pozondón.

El día del santo, en abril, se congregaba en el peirón de San Marcos todo el vecindario para ir de rogativa en demanda de lluvia para sus campos, peticiones que se hacían extensibles en la Ascensión cuando se iba cada uno de los tres días precedentes a los peirones de San Gregorio, San José y San Miguel, respectivamente.


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Existe un inventario de patrimonio inmueble más amplio elaborado por el Centro de Estudios del Jiloca en el año 2006, que se puede consultar directamente online o solicitando un Dvd a la Comarca del Jiloca.

Ayuntamiento y Municipio. La administración local

Casa Consistorial de Peracense

El municipio tuvo su origen en la Reconquista. Perteneció a la Comunidad de Aldeas de Daroca, sexma del Jiloca. En 1834 se convirtió en Ayuntamiento, formando parte del partido judicial de Albarracín, hasta que en 1965 se incorporó al de Teruel, para finalmente pasar a formar parte del de Calamocha en 1981. Participó en la Mancomunidad del Alto Jiloca hasta que, en el año 2003, se incorporó a la comarca del Jiloca.

Los fondos documentales del Ayuntamiento siempre se han guardado en el Archivo Municipal de Peracense

Lista de alcaldes de la localidad
Periodo Nombre del alcalde Partido político
1979–1983
1983–1987
1987–1991
1991–1995
1995–1999
1999–2003
2003–2007
2007–2011
2011–2015 Manuel Bujeda Doñate PAR


Además del Ayuntamiento, podemos destacar otras instituciones públicas:

El Asociacionismo. La religión y la sociedad civil

Como sucede en el mundo rural y, especialmente, en los pequeños pueblos, la mayor parte de las agrupaciones de vecinos tienen un carácter religioso: Hermandades, cofradías, etc. La asociación religiosa principal es Parroquia del Apóstol San Pedro, que agrupa a todos los fieles de la localidad. Sin embargo, a lo largo de la historia se podrían destacar otras:

A partir de la Constitución de 1978, una vez consolidada la libertad de asociación y reunión, aparecieron varias Asociaciones Culturales:

Linajes y personajes

Destacados personajes han sido los Ximénez de Urrea, familia noble asentada en el lugar donde ejercieron a menudo como alcaides de la fortaleza. Aunque en algún momento se inclinaron hacia Castilla, su posterior vinculación con la Comunidad de Daroca fue total, llegando a ser una de las ocho casas principales de la tierra de la que descenderían los condes de Aranda.

  • En el padrón de infanzones de la Comunidad de 1787 figura en Peracense Juan Martínez Segura, de la familia principal del lugar, uno de cuyos miembros instauró un pío legado en beneficio de los más pobres. Ambos se hallan enterrados en la capilla de San Juan Bautista de la parroquia.
  • Pedro López Bujeda fue igualmente infanzón en el siglo XVIII, ejerció como farmacéutico en Daroca, donde se casó y tuvo por hijo a Antonio López Quílez, más tarde Barón de la Joyosa, que mantuvo la vinculación con el pueblo de su padre desde el cargo de secretario de la Reina Gobernadora y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Fue un impulsor de las Escuelas de Magisterio, del Diccionario de la Lengua Española y recibió la cruz de la Orden de Carlos III.
  • Fr. Andrés Domingo, dominico que vivió entre los siglos XVII y XVIII.
  • Pascual Rubio, destacado maestro de finales del XIX y autor de varios textos de primera enseñanza.
  • Luis J. García Bandrés, redactor de "Heraldo de Aragón", desde donde ha potenciado la difusión y estudio de los valores artísticos y ambientales de Peracense.

Fiestas, costumbres y gastronomía

  • Se han perdido ya las fiestas de San Blas, el 3 de febrero, y de la Virgen del Rosario, el primer domingo de octubre. Los días de cuaresma, cuando existía la prohibición de actos festivos, era tradicional jugar a la estornija, deporte de gran arraigo en el vecino Villar del Saz. Se jugaba por equipos, y aún se recuerdan los lanzamientos con el empeine del pie o la eventual recepción que hacían las mujeres en el halda de sus delantales. Los mayos dejaron de cantarse en los años 60, aunque posteriormente intentaron recuperarse con escaso éxito. La sanjuanada se celebraba en las fuentes de los alrededores.

Hasta mediados del siglo XX era tradicional la cabrada, de octubre a junio al salir el sol el cabrero tocaba el cuerno, que era una caracola marina, y los vecinos soltaban las cabras de sus corrales, que acudían a la plaza para ir a pastar al monte hasta el atardecer, en que cada una regresaba a su casa correspondiente. De junio a septiembre las cabras preñadas andaban sueltas por el monte, con el pastor, que sólo regresaba al pueblo los domingos para darles sal a los animales y reponer su alforja.

Como pago a sus servicios, el cabrero se quedaba con la leche que producían los animales y fabricaba sabrosos quesos. El suero sobrante solía hacer las delicias de los muchachos que acudían a recogerlo. Esta costumbre dio origen a la expresión usual en el pueblo de la hora de cabras para significar el atardecer, cuando el cabrero regresaba del monte con su ganado.

Tratando de gastronomía es obligado destacar la calidad de las conservas del cerdo, del queso de cabra, de las tortas dormidas que se hacían para la fiesta de la Virgen del Rosario, o las citadas migas de la Tía Morenilla. Además de otros derivados de la matacía del cerdo como las güeñas, resaltar otros platos, como el cabrito asado, la costillada a la brasa, los huevos fritos con jamón o los huevos en batalla, el conejo de monte asado, así como la sazón que daba a su cocina en general el azafrán del terreno.

En lo que respecta a la música popular, según aparece recogido en el Archivo de música popular de ADRI, la tradición de los mayos se perdió en la década de los 60. Desde entonces no ha habido rondalla en el pueblo. Como era habitual en tantos lugares, los cantos de ronda se acompañaban con guitarra, laúd y bandurria; un músico del pueblo, Juan Andrés, se añadía a la rondalla, ocasionalmente, con su violín.

La jota ha tenido buenos representantes en Peracense, destacando en ella la cantante Sagrario Hernández.

Cofradías y romerías

En la actualidad tan sólo se celebraba la mentada romería a San Ginés de agosto. Se ha perdido la bendición de términos que se hacía en el Arcillero junto al peirón de la Virgen del Pilar el domingo más próximo al 3 de mayo, se daba, a continuación el gasto a base de huevos cocidos, de los que se obsequiaba con uno a las mujeres y con dos a los hombres, además de medio litro de vino por persona, cuyo importe total costeaba el municipio.

En el recuerdo queda la piadosa costumbre de ir todos los sábados de mayo a la antigua ermita de la Virgen de La Villeta al pie del castillo, también las rogativas que se hacían tres días antes de la Ascensión. Se conserva, sin embargo, el novenario y los gozos a la Virgen de La Villeta.

Entre la documentación parroquial de Peracense, conservada en el Archivo Diocesano de Teruel, se habla de la Cofradía del Santísimo Rosario entre los años 1830 y 1963. Aunque en la actualidad las celebraciones de la Semana Santa no registran procesiones, sí que se hace la del Encuentro el día de Pascua. Antes de la salida del sol sale por un lado la imagen de la Virgen acompañada por las mujeres, y por otro la del Niño Jesús con los hombres que dan la vuelta por otras calles hasta que se encuentran en la puerta de la iglesia.


Personajes populares

Tal vez por el carácter agudo y astuto de sus moradores, potenciado acaso por su situación geográfica entre montes y riscos, son conocidos popularmente los peracensinos por zorros, y hasta tal punto tienen asumido el mote que han colocado a este animal nada menos que en su escudo de armas.

Entre los personajes populares debemos incluir, en primer lugar, a Sagrario Hernández García, gran jotera, que recientemente ha sido homenajeada en su pueblo y se le ha dedicado la fuente de la plaza. En su repertorio nunca faltan jotas dedicadas al pueblo de sus raíces, lo que ha servido para difundir su nombre por toda España.

La tradicional cabrada ha dado singulares pastores que han entrado en las leyendas del pueblo y que aún hoy se recuerdan por el respeto y confianza que merecían de sus paisanos. De ahí que dejemos aquí los nombres de los últimos representantes, el tío Gregorio, el tío Alejandro y, especialmente, el tío Pelibranco.

Asimismo, merece un elogio Marcelino Maldonado que fue maestro durante más de cuarenta años en la localidad; el abuelo Benito Bujeda, refranero, chistoso y hábil para enlazar chascarrillos, algo de todo eso heredó su hijo Mariano, cartero de profesión durante varias décadas, a quien recuerdan por las grandes caminatas que se daba hasta Villafranca para llevar y traer la correspondencia; el tío Josetón destacaba por su habilidad con los trabajos de la matacía del cerdo; Narciso Moya Martínez desde su pequeña tienda o colmado surtía de cuantos productos precisaba la gente, además de participar activamente en cuantas iniciativas populares surgían. De este último se recuerdan los famosos sombreros que fabricaba de encargo, y que daban origen a bromas y comentarios por la gran imaginación que ponía para componerlos, de todos los tipos y variedades.

En el programa de fiestas de 1985 se reproduce un "Recuerdo de mi pueblo", que es un romancillo en el que Francisco Doñate evoca los lugares más importantes de su lugar de origen, del que faltaba muchos años por su condición de militar. Por último, un recuerdo al famoso "Tonto de Peracense", dicho popular harto extendido por toda la geografía refranera que, con toda seguridad, alude elípticamente, con ironía, al carácter inteligente y avispado de los zorros peracensinos.


Leyendas

Tradición o leyenda fue el suceso que ocurrió allá por el siglo XV, cuando se sospechó que en el castillo se guardaba una importante cantidad de moneda falsa con florines, morabetines, moneda blanca y de Toledo. Unos avispados vecinos de Bronchales haciéndose pasar por oficiales reales entraron en el castillo y sustrajeron hasta tres costales de esta moneda fraudulenta; sin embargo, fueron descubiertos por las posteriores desavenencias que se dieron entre ellos a la hora de repartirse el botín.

Famosa es la rivalidad entre los zorros de Peracense y los señoritos de Ródenas, que ha dado lugar a frecuentes enfrentamientos y disputas, como la reivindicación por los de Ródenas de la propiedad del castillo por su proximidad al mismo, algunas acabaron a navajazos o en ataques a los pastores, que en algún caso fueron heridos o socarrados.

Aún recuerdan los mayores la espesura del arbolado del monte, que hacía arriesgado el adentrarse mucho en el mismo, especialmente de noche, pues no era raro que animales y alimañas dieran buenos sustos a quienes se arriesgaban a pasar por allí. Era tal la cantidad de árboles en los montes, que se decía que se podía ir de rama en rama sin pisar el suelo desde Peracense a Villar del Saz.

No queremos cerrar esta reseña sin recordar la jota que resume la estratégica situación de este pueblo en lo alto de la sierra. Dice así:

"Peracense está en un hondo

y el castillo en una roca,

y el cerro de San Ginés

de Mirador del Jiloca".

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