Villafranca del Campo

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Villafranca.jpg
Villafranca del Campo está situada en la depresión longitudinal ibérica Calamocha-Teruel, junto al río Jiloca, municipio con una superficie de 66,22 Km2, a 956 m. de altitud, distante 47 Km de Teruel y 25 de Calamocha, cercana a la carretera nacional 234 Sagunto-Burgos, limitando con los municipios de Monreal, Ojos Negros, Villar del Salz, Peracense, Almohaja, Alba, Singra y Bueña.

En la Edad Media y Moderna, hasta el siglo XIX, formó parte de la antigua Sexma del río Jiloca, en la Comunidad de Aldeas de Daroca.

Término netamente agrícola con 6.622 Hectareas, de las cuales 4.170 estan cultivadas, y de ellas 1.045 de regadío, 895 de prados y pastizales, 917 forestales, siendo el resto cultivo de secano. Predominando el cereal, principalmente maíz, trigo y cebada, abunda la carrasca en el monte y en la Matilla. El azafrán que en otros tiempos supuso una importante economía familiar complementaria ha venido a menos, estando en la actualidad su cultivo y elaboración prácticamente desaparecida. Fue Villafranca del Campo uno de los núcleos azafraneros significativos a escala comarcal. Es importante su cabaña ganadera, proliferando en los últimos tiempos las granjas de porcino, hasta seis son las explotaciones existentes, pero es el ganado ovino el predominante en el lugar, siendo más de la docena los pastores que los atienden, todos ellos residentes en la localidad. Las economías familiares se ven complementadas con pequeños huertos y la crianza de animales de corral. Existen dos cotos de caza y una Asociación de cazadores.

A la entrada de Villafranca desde Peracense, a la derecha de la carretera hay una cantera de calizas jurásicas, actualmente en explotación, industria de áridos que produce grava y hormigones. Hace 30 años funcionó durante cerca de una década una empresa dedicada a la fabricación de tubos y canales para los nuevos regadíos que se hicieron en la zona. Su gestor fue Alberto Romero y llegó a contar con una plantilla constante de 10 o 12 personas.

Como fue en otros tiempos zona de vid, nos indican la existencia de los lagares (denominados trujales en la zona) en la partida del Tomillar, numerosas bodegas subterráneas, algunas con más de 100 años de antigüedad. Los trujales que se conservan en irregulares condiciones. Contienen en su interior las prensas y otros menesteres de elaboración. De propiedad privada, ha existido en diversas ocasiones la intención de formalizar en ellos un Museo del Vino, en iniciativas que no se han visto realizadas por falta de respaldo oficial.

En el año 1735 se formó en Villafranca una cooperativa para compartir mulos, similar a lo que actualmente se hace hoy con la maquinaria agrícola. Los socios fundadores fueron 13 vecinos, entre ellos dos sacerdotes, y en sus inicios la conformaban la aportación de 23 mulos que los utilizaban en común en los trabajos agrícolas. Esta forma de asociación agraria fue una curiosidad en su tiempo, haciendo quizás de Villafranca el tener el honor de ser una de las primeras localidades en este tipo de iniciativas.

En la actualidad cuenta con 368 habitantes, teniendo su mayor censo registrado en la década los años 20 del pasado siglo. Algunos de los registros censales localizados son en 1387 (48 vecinos), 1400 (61 casas), 1414 (43 maravedíes), 1488 (28 fuegos) 1510 (88 vecinos), 1646 (59 habitantes), 1730 (130 habitantes), 1797 (171 habitantes), 1900 ( 988 habitantes), 1920 (1098 habitantes), 1950 (934 Habitantes), 1981 (553 habitantes), 1991 (403 habitantes). En el nomenclátor de 1863 de los Pueblos de España, consta como perteneciente al Partido Judicial de Albarracín, con 859 habitantes, 3 colmenares, 1 caseta, 10 Masadas y 2 ermitas. En un registro posterior de 1887 su censo era de 942 habitantes, existiendo 39 albergues y 334 casas. En 1930 los albergues eran 12 y las casas 631. En el enciclopédico de Madoz se indica "formando el cuerpo de la población tiene 136 casa, con 12 calles, 2 plazas, 1 escuela con 51 niños, 172 vecinos y 690 almas... produce jeja, trigo, cebada, avena, patatas, algún cáñamo y pastos, hay ganado lanar, vacuno y cabrio, con caza de perdices, conejos y liebres..."


Medio natural

Situado junto al río Jiloca, en medio de una amplia llanura, este pueblo cuenta con amplias zonas de regadío, que se han ido extendiendo a partir de la explotación de los importantes acuíferos del valle. En algunos lugares aparecen interesantes prados.

Este regadío y el pastoreo han transformado el entorno de la población, observándose en la actualidad un pastizal de lastón, tomillo y Genista pumila, bastante degradado. La mayor parte de su término municipal está ocupada por las acumulaciones detríticas de glacis cuaternarios antiguos, depositados por los cursos fluviales afluentes del Jiloca, que son las zonas de cultivo más destacables. Sólo en su parte occidental se adentra en las sierras calizas con relieves suavizados de las estribaciones más orientales de las sierras de Albarracín y Menera; es aquí donde encontramos las formaciones arbustivas de mayor relevancia, compuestas por encinas.

Demografía

Variación demográfica del municipio entre 1990 y 2004
Año 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1981 1991 2001 2004
Habitantes 973 1.043 1.043 1.40 973 870 826 646 503 415

Además de la propia localidad, la población residía en masadas y caseríos cercanos. En los censos de los años 1860, 1887, 1920, 1930, 1940 aparecen los siguientes asentamientos humanos dispersos: la Estación de ferrocarril, los molinos alto, medio, y bajo, las masadas de Cabezopardo, las Solanas, el Hondón, Racho, Saletas, Nueva, Molar alto, Molar bajo, Villarrubio y Morata, La venta (Villafranca del Campo) , la Masada del Royo, la Masada del Médico, y, finalmente, la ermita de Nuestra Señora del Campo y la casa del ermitaño.

Algunos datos de su historia

La localidad de Villafranca en 1927

Entre historia y leyenda, fue emplazamiento como colonia de paso, de las legiones romanas de Cesar, Pompeyo y Augusto. Estaba al mando del General Sertorio, jefe del Partido Popular romano, que fue asesinado por Perpena, su lugarteniente. Perseguido por los fieles del general asesinado fue encontrado y muerto en las cercanías de Osca (Huesca), ello aconteció entre los años 72 y 80 A. de C.

Los primeros documentos de los que se tienen referencias datan de 1182 y 1211. Según algunos historiadores el municipios de Villafranca surgió de la unión de anteriores núcleos de población:

Otros historiadores la ubican como el lugar y con el nombre original de Villalviella o Villalvuela, pardina de localización desconocida. En la primera organización territorial documentada, colaciones eclesiásticas de la Comunidad de Daroca de 1205, no aparece, lo que no supone que no existiera, sino que estas se hicieran y pagaran a otras Iglesias de lugares de fuera de la Comunidad. La aldea Torre Invidia fue donada junto con el Castillo de Singra al Monasterio de Montearagón en 1182 por el Rey Alfonso II El Casto.

En 1211 pasó a pertenecer a la Orden de San Juan de Jerusalén, de la que dependió hasta 1217, durante esta época se le agregó "un pequeño Coto redondo junto a la Virgen de la Torre". Lugar en el que acampo Jaime I con su ejercito en su viaje a la conquista de Valencia, en el llano junto a la Ermita.

En 1317 pertenecía al Señorío Eclesiástico, siendo Villafranca vendida por el Obispado de Zaragoza al noble Jimeno Cornel por 28.000 sueldos jaqueses, años después fue recuperada la propiedad por los vecinos residentes en ella con la intervención de la Comunidad de Daroca.

Por estas llanuras galopo Babieca y fue acampada del Cid Campeador y sus huestes en la Venta existente junto a la Ermita de la Virgen del Campo. El historiador F. Coella, en 1894 fija la ciudad romana de Agiria en el término municipal de Villafranca.

En fecha de 1317 se dio Orden Real en la que se autoriza se satisfaga al concejo de Villafranca, 600 sueldos jaqueses para completar los 1000 por la que se había comprado a García Fernández de Adosalla, cierto término de la aldea llamado Pozo Amargo. En el Manifiesto del Maravedí de 1373, se recuenta en la Aldea la existencia de 19 claros y 5 dudosos, habiendo sido jurados del lugar Pero López y Domingo Yagüe. En 1374, en el reinado de Pedro IV, en la Guerra con Castilla, las llanuras de Villafranca y otros lugares cercanos como Calamocha fueron invadidos y asolados por los castellanos. Concertada al año siguiente la paz, estas localidades volvieron a pertenecer a Aragón a cambio de Molina de Aragón que fue cedida a los castellanos. En 1399, Villafranca es una de las 27 localidades a las que se les reclaman 7000 florines de oro, por Ramón de Torrellas, vecino de Zaragoza por "haber hecho carta de emparamento". Sobre esta petición se efectuó recurso ante el Rey para su no cumplimiento, por parte del procurador Antón López de Vistabella.

Existen en los Archivos del Arzobispado de Zaragoza dos registros de procesos criminales relativos a Villafranca. El primero de ellos es de 1503 y se efectúa "demanda o querella penal contra Jayme de Santa Cruz, mercador de Zaragoza y otros cómplices que le acompañaban por sustraer el Diezmo percibido sobre la localidad, custodiado en los hórreos de la abadía y correspondiente a la exacción de dicho año". El segundo registro data de 1698 y consta que "El procurador fiscal acusa a diversos vecinos de Villafranca, perteneciente al Arzobispado de Daroca, por impedir que los galenos prestaran asistencia médica a Miguel Martínez rector de esa Iglesia Parroquial. La problemática surgió por la solicitud de feligreses de que predicara la Cuaresma o buscara un sustituto, que pagara de sus propios recursos, el rector llevaba enfermo 6 meses, ante su negativa, la consideraron ofensa eclesiástica, y Juan Valero, jurado del lugar, mandó al médico, el cirujano y al apotecario que no le dispensara medicinas, ni curas sino pagaba al contado".

Como la denominación mantenida de una de sus calles así lo atestigua –abandoleros- fue en tiempo de la Guerra de la Independencia lugar visitado por los resistentes españoles ante la invasión francesa, que bajaban de la Sierra para abastecerse de comida. En las confrontaciones del S. XIX entre liberales isabelinos y carlistas, tanto en 1838 como en 1845, fue lugar de escaramuzas entre estas dos fuerzas, se ha documentado que militares de la importancia del General Santos San Miguel, del carlista Oraa o del liberal Luchana, persona de confianza de Espartero, estuvieron en ellas al frente de sus tropas.

En tiempo de la República, tuvo cierto prestigio y renombre dentro de toda su zona de influencia el Somatén de Villafranca del Campo, fundado en época de Primo de Rivera, en la década de los años 20 del pasado siglo, duró hasta el inicio de la Guerra Civil Española. Nos informan de que evitó desmanes en estos tiempos revueltos, sofocó posibles revueltas, así cómo defendió a la localidad de intrusos inestables. Su fundador y jefe local fue el terrateniente Carlos García Morata que lo dirigió hasta su fallecimiento el 17-09-1934, circunstancia esta que junto al inicio de la confrontación fraticida española puso fin a este movimiento armado. El Somatén estuvo formado por una veintena "de personas de bien" entre ellas Santiago Navarro, Evaristo Clemente, Joaquín Bugeda, José Bugeda, Aurelio Flores,...

Somatén de Villafranca del Campo

Dentro de su historia, no generada por confrontaciones bélicas, una fría mañana de la segunda mitad de los años 60 el ferrobus, popularmente llamado "automotor" Teruel-Zaragoza, entre la estación de Villafranca y la de Alba chocó con un tren mercante que iba dirección a Teruel. En el accidente ferroviario de Villafranca del Campo murieron más de 20 personas, la noticia tuvo amplio eco y difusión nacional. Desde entonces la palabra "vale" que originó la confusión entre el conductor y el jefe de estación esta prohibida entre los ferroviarios de la línea.

En 1992, el ayuntamiento acordó registrar en la propiedad como bien propio, la ermita de la Virgen del Campo, basándose en documentos de principio de siglo que así parecían demostrarlo por justificantes de pago de impuestos de ella por el Concejo. Reclamado por el Arzobispado de Teruel-Albarracín la propiedad de la Ermita, en febrero de 1994 los tribunales zanjaron el litigio dando la propiedad del inmueble a la Iglesia, basados en el Concordato Estado-Iglesia de 1859. El pleito quedo como antecedente ante otros muchos ayuntamientos que se encontraban en similares situaciones de propiedad.

Fue en fecha del 10 de febrero de 1998 cuando se autorizó al Ayuntamiento de Villafranca del Campo adoptar escudo y bandera municipal, con el informe favorable del Consejo Asesor de Heráldica y Simbología de Aragón.

Patrimonio arquitectónico

Dentro de la arquitectura religiosa destaca sobre todo la Iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, de estilo barroco del S. XVIII, de mampostería y cantería con tres naves cubiertas, la central de bóveda de arista y las laterales de medio cañón con lunetos. Con torre mudéjar-renacentista del S. XVI, sobre la puerta principal.

De gran devoción son las dos ermitas que encontramos en el pueblo: Virgen del Campo y Virgen de los Dolores. Existen dos peirones como recuerdo de una arquitectura popular muy valorada por nuestros antepasados y que en la actualidad se encontraba un poco olvidada. Ambos peirones son muy similares entre sí y están en buen estado de conservación: Santa Lucía y San Antón.

De su arquitectura civil destacan los tres molinos de agua (Alto, Medio y Bajo) que poseía la localidad, numerosas casas edificadas de interés arquitectónico o nobiliario sobre las que destaca en la plaza una Casa Solariega de 1705 y el Ayuntamiento de principios del siglo XIX. Aún se conserva el edificio del Cine Avenida.

Con un carácter más popular se puede destacar la masada de Saletas, la venta y masada de Villarrubio, tres relojes de sol (en la Calle Rodeo, en el Ayuntamiento y en la Casa Solariega de la plaza), la estación ferroviaria, así como tres fuentes modernas construidas recientemente en sendas plazas en recuerdo a benefactores de la localidad.

La arquitectura popular de antaño también era simbolizada por la zona de trujales y los numerosos palomares que existían en nuestro pueblos, y que aún hoy muchos de ellos sobreviven a los tiempos como parte de una cultura relativamente cercana.


Mención aparte merece la arquitectura vinculada al agua. El río Cella llega a la localidad a través de un cauce principal, habiéndose dividido un pequeño ramal en la zona de Alba para la acequia de la Retuerta. Después aparece otro ramal conocido como acequia de la vega Sus. A esta acequia se une la acequia de La Trascasa, que regaba el antiguo prado.

Durante el siglo XX se realizaron varios pozos de gran capacidad para poder realizar una ampliación importante en el regadío de Villafranca. Estos pozos fueron acompañados de una serie de canalizaciones de hormigón que han dejado un paisaje muy característico en esta zona. A finales del XX también proliferaron los pozos particulares, contando la zona con una amplia superficie de regadío artificial en la actualidad.

Las edificaciones vinculadas con el agua más interesantes son el Estanque, los molinos Alto, Medio y Bajo y un interesante pozo localizado en la masada de Villarrubio.


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Existe un inventario de patrimonio inmueble más amplio elaborado por el Centro de Estudios del Jiloca en el año 2006, que se puede consultar directamente online o solicitando un Dvd a la Comarca del Jiloca.

Ayuntamiento y Municipio. La administración local

El municipio tuvo su origen en la Reconquista. En la Edad Media amplió su término municipal con la incorporación del despoblado de Las Cuevas y Torre Invidia. Aldea de la Comunidad de Aldeas de Daroca, sexma del río Jiloca, hasta el siglo XIX. En 1834 pasó a pertenecer al partido judicial de Albarracín. En 1965 fue transferido al partido judicial de Teruel. En el año 2003 se incorporó a la comarca del Jiloca.

Los fondos documentales del Ayuntamiento siempre se han guardado en el Archivo Municipal de Villafranca del Campo.

Lista de alcaldes de la localidad
Periodo Nombre del alcalde Partido político
1979–1983
1983–1987
1987–1991
1991–1995
1995–1999
1999–2003
2003–2007 Miguel Angel Navarro PP
2007–2011 Miguel Angel Navarro PP
2011–2015 Miguel Angel Navarro PP

Además del Ayuntamiento, podemos destacar otras instituciones públicas:

El Asociacionismo. La religión y la sociedad civil

Como sucede en el mundo rural y, especialmente, en los pequeños pueblos, la mayor parte de las agrupaciones de vecinos tienen un carácter religioso: Hermandades, cofradías, etc. La asociación religiosa principal es Parroquia de San Juan Bautista, que agrupa a todos los fieles de la localidad. Sin embargo, a lo largo de la historia se podrían destacar otras:

Encontramos también algunas comunidades de regantes, sociedades, cooperativas y grupos sindicales relacionados con el trabajo agrícola y ganadero.

A partir de la Constitución de 1978, una vez consolidada la libertad de asociación y reunión, aparecieron varias Asociaciones Culturales:

Linajes y personajes

Aunque de Villafranca no existen registrados hidalgos infanzones en los empadronamientos efectuados en 1737 y 1787/88 por la comunidad de Daroca, si se tiene constancia de que eran familias nobles residentes en ella los Galindo en su rama familiar procedente de Alfambra. La actual existencia de edificios nobiliarios también así lo parece confirmar.

Amplia es la nómina localizada de personajes destacados villafranquinos que a través del tiempo ha sobresalido en sus actividades realzando con ello a su patria chica:

  • Guillermo Rubio, filósofo y teólogo de finales del siglo XIII.
  • Miguel Antonio Galindo Sebastian (n 14-10-1723, + en Teruel el 14-06-1784), fué Dean y Vicario General de la Catedral de Teruel, siendo elegido Obispo de Segorbe. Cargo que no aceptó debido a que por su delicada salud pensó que no podría ejercerlo con dignidad.
  • Ramón García Hernández(n 29-03-1831, + en Zaragoza en 1910), ingeniero de caminos, canales y puertos.
  • Existe documentación por la que se indica que los rectores Bartolomé Valenzuela y Mn Juan Colas influyeron e intervinieron en el S. XVII en la construcción de la Iglesia, encontrándose ambos enterrados en ella.
  • En el S. XVIII consta que José Antonio Moya también rector de Villafranca testó importante donación para mejoras en la Iglesia Parroquial.

Otros nombre propios fueron,

  • Domingo de Villafranca, Capuchino que vivió a caballo entre los S. XVII-XVIII,
  • Tomás Serrano, Doctor en Teología del S.XVIII,
  • Miguel Sebastan Ramo, canónigo del S. XVII-XVIII,
  • Mariano Romero y Monje, farmacéutico y licenciado botánico en el Real Colegio de San Francisco de Madrid, nació en la primera mitad del s XIX.
  • Miguel Jerónimo García S. XVIII, primer médico de cámara en 1700.
  • Jimeno, Francisco y López Marco, Ramón, comandantes de una guerrilla en la Guerra de la Independencia
  • Francisco Valero, Juan José, periodista
  • Juan Rivate S. XVIII, maestro de obras y reparador de Iglesias.
  • Telesforo Morata Cisneros, abogado.
  • Se recuerda en el callejero local a Antonio Esteban y Ángel Alares, este fue sacerdote muy querido que ejerció durante la segunda mitad del siglo pasado.

Fiestas, costumbres y gastronomía

Quintos con el mayo. Villafranca, año 1964
  • Una celebración festiva que se ha mantenido a través del tiempo es la de San Antón el 17 de enero, abogado de los animales, llevándolos por la mañana a su peirón, donde se le da tres vueltas rezando un Padrenuestro por vuelta. Por la noche en cada barrio se hace hoguera, juntándose los vecinos a cenar y cantándole a San Antón lo de: "San Antón cuando era viejo / le quitaron el pellejo, / e hicieron un tambor / que se tocaba en Castilla / y se oía en Aragón / Porron pon pon".
  • Se sigue manteniendo la costumbre de San Juan y las Santas Justa y Rufina, en ella los quintos preparan la enramada, plantan un árbol en la plaza y ponen a las mozas en puertas y ventanas, dependiendo de su simpatía, flores, ramos con caramelos, macetas o en sentido negativo cardos y zancarrones. También ha sido tradición de quintos en noviembre, un mes antes de la navidad, el dejar una cesta en el horno, cuando se va a amasar, se les deja un trozo de torta sobada, que por la noche se las comían. Hasta el día de Navidad en la que las madres de los quintos hacen rollos que sacan a la calle el día siguiente, colgados en una vara que se lleva sobre los hombros. De estos rollos, cuatro eran más grandes e iban destinados al alcalde, juez, cura y médico, los otros menores se ofrecían a toda la gente del pueblo a cambio de dinero o comida. Con lo recaudado se hacía un almuerzo.
  • Los carnavales de Villafranca del Campo tuvieron su mayor brillantez durante el S. XIX y primer tercio del XX, languideciendo por la prohibición y persecución que se les hizo a raíz de la confrontación fraticida del 36. Se han recuperado en los últimos años.

Ha sido costumbre la recogida y elaboración del azafrán en la que niños, padres y abuelos trabajaban alrededor del brin, la garafolla o la lengüeta. Una vez llegada la noche y para combatir el sueño y cansancio del duro, trabajoso y largo día, en la sala donde se desbriznaba, reunida toda la familia y amigos era el lugar donde surgían ingeniosas leyendas, chistes y cuentos. En esta época era tradicional la comida a base de puchero de patatas o de gachas.

Amplia y variada cocina típica la que se da en Villafranca del Campo, donde las lugareñas son expertas en guisos de sopas de ajo, migas, gachas, potaje de garbanzos, cocido, empedrao, patatas con bacalao, fritada, escabechados o el tradicional cardo navideño. También es amplio su recetario en elaboración de dulces como buñuelos de viento, hojuelas, rosquillas, mantecados, hojaldres, tortas de chichorras y torrijas, así como en la preparación de bebidas refrescantes y tonificantes como el mostillo –con o sin mosto-, el vino de nueces, la malta, el refresco de vinagre, agua y azúcar, los batidos de huevo y vino, la sopeta o el vino caliente.

Sigue siendo el matacerdo, en el preámbulo del invierno, una fiesta familiar en la que durante varios días participa toda la familia, manteniéndose la costumbre de invitar a vecinos y amigos a tomar una copa. Antes la crianza del animal se efectuaba en la propia casa, para hoy no ser así y adquirirse en granjas. A la llegada del matarife debe estar preparada el agua hirviendo para tras el sacrificio del animal realizar su pelado y con aliagas el socarrado para finalmente despedazarlo. Tras estas tareas el descanso para almorzar a base de migas, tajadillas, hígado, costillas dulces y magro. Reanudada la matacía se lava el menudo, se repela limpiando las piezas y acondicionándolas para salar, se capola y se preparan las especias para embutir. En el día o días posteriores, se hacen las morcillas, se salan las piezas y se embuten. Una vez oreados costillares, lomos y longanizas se prepara la conserva. Los derivados clásicos del lugar son la longaniza, chorizo, "güeña", morcillas, fardeles y con especial sabor autóctono las morcillas de miel.

En lo que respecta a la música popular, según aparece recogido en el Archivo de música popular de ADRI, se recuerdan varios gaiteros y rondallas:

  • Tomás Herrero (c.1837-1917), abuelo de nuestro informante Vicente Herrero, fue gaitero del pueblo. Tocaba el tambor en las carreras pedestres; y él mismo fue un gran corredor y caminante.
  • En los años 30, los hermanos Felipe y Vicente Martín tocaban la guitarra y el laúd, y formaban rondalla con José Remiro y Esteban García. Después hubo grupos de jotas en el pueblo durante muchos años, pero es una actividad discontinua en la actualidad.

En fiestas y carnaval había música de charanga y de cuerda con percusiones (bombo, platillos, tambor). Durante todo el siglo XX la música de las fiestas corría a cargo de banda y orquesta, como era el gusto de las poblaciones más grandes, por lo que apenas había participación de los dulzaineros.

Hay una banda de cornetas, bombos y tambores para la Semana Santa, que comparte esta actividad con las otras existentes en Calamocha, Caminreal, Torrijo del Campo, Santa Eulalia del Campo, Cella o Villarquemado.

COFRADÍAS Y ROMERIAS

Los primeros pagos conocidos de diezmos se realizaban a la Iglesia Metropolitana de Zaragoza, las colaciones fueron a Santa María de Daroca. La Iglesia Parroquial de Villafranca del Campo perteneció al Arzobispado de Zaragoza hasta mediados del S. XX que pasó al de Teruel-Albarracín.

Los documentos que sobre esta localidad hay en el Archivo Histórico Diocesano de Teruel, como fondos parroquiales van desde 1503 hasta 1958, con una amplia información sobre libros sacramentales, visitas pastorales, dispensas eclesiásticas, cumplimientos pascuales, índices de bautizos, capitulaciones matrimoniales, heredades entre otras para casar a doncellas pobres, censales, rentas, diezmos, primicias... Son también numerosos los libros de cofradías que figuran como constancia de la existencia de estas, entre ellas la de la Virgen del Rosario de 1720 a 1826, también de estas fechas está recogido el funcionamiento de los Mancebos de Ntra. Señora. Consta de 1850 a 1865 documentos sobre la existencia de la cofradía de la Sangre de Cristo, de la que se sabe por transmisión oral, que existió hasta el primer tercio del pasado siglo. Junto a Bueña, Singra y Aguatón formaron la Hermandad del Sufragio de las Benditas Almas del Purgatorio que se encuentra documentada desde 1703 a 1829, la cámara de Misericordia, fundada en 1603 por el licenciado Martín Pérez Lozano, caballero de la Orden Militar de San Jorge y rector de la Iglesia Parroquial de Villafranca funcionó según documentación hasta 1795.

La cofradía de Santa Bárbara de Cariñena tuvo vinculación con esta localidad, como lo muestran numerosos documentos que la mencionan, con diversas propiedades como consta en uno de ellos fechado el 16-11-1802, en el que se indica "la posesión de una casa y otros bienes a nombre de esa cofradía".

El fervor a la Virgen del Campo ha sido permanente a través del tiempo, teniendo su novenario y gozos del que reproducimos el último de ellos.

Beneficiados quedaron

de tu mano siempre franca

los hijos de Villafranca

y en corto Templo os fundaron

cariño y piedad mostraron

haciéndonos otro mayor.

El carácter religioso de Villafranca hace mantenerse vivas costumbres como la Cuaresma y Semana Santa. Durante la Cuaresma que comienza con el Miércoles de Ceniza, todos los Viernes se hace el Vía Crucis y se canta el Miserere con salmos en latín, se rezan durante siete días lo gozos de San José y el setenario a la Virgen de los Dolores, finalizando el Domingo de Ramos, con procesión matinal alrededor de la Iglesia con el ramo y por la tarde el Vía Crucis hasta la ermita de la Virgen del Campo.

En Semana Santa tras la preparación del Monumento que se vela el Jueves y Viernes en turnos de media hora, son los más menudos los que utilizando las carraclas, matracas y carraclón en sustitución de las campanas, avisan por todo el pueblo de los actos a celebrar. En Jueves Santo el de la Última Cena y el Viernes los oficios, con la representación de la muerte de Jesús, en el que se destapa la Cruz, ante la que se muestra perpetuo silencio, tras ello la procesión. El Sábado por la mañana se tocan las campanas, se bendice agua y el Cirio Pascual, acudiendo a la iglesia con jarras para llevarse agua bendita a las casas donde se rocían habitaciones y animales. El domingo se hace la Procesión del Encuentro con las imágenes de la Virgen y Jesús, junto a la Virgen, los casados, con la de Jesús los solteros y niños. Durante la procesión, cánticos de Resurrección, de encuentro y "reverencias" con banderas y pendones. Por la tarde en cuadrillas se va a comer la mona al campo, consistente en pan con longaniza, costilla, lomo y un huevo duro.

Tradición perdida es la Bendición de Términos que desde el cerro la Cruz se efectuaba todos los 3 de Mayo. Hoy en su lugar es el día de San Isidro, cuando se hace esta bendición, desde la Ermita de la Virgen del Campo, a la que se ha ido en procesión desde la Iglesia y se ha celebrado misa en honor al Patrón Labrador.

En la actualidad no se celebran romerías propiamente concebidas con actos litúrgicos y festivos, aunque sí se recuerda que hasta el primer tercio del siglo pasado la Ermita del Campo era punto de concentración comarcal en todas las festividades de San Isidro y de la Virgen del Campo en Septiembre, a la que acudían innumerables carros con vecinos de localidades de la zona que tienen por denominación el complemento "del Campo".


PERSONAJES POPULARES

Es precisamente Vicente Herrero, uno de nuestros interlocutores de quien estamos recogiendo información, del que sus vecinos nos lo señalan como personaje popular, erudito y como pocos, conocedor del día a día que marca la historia no estudiada de nuestros pueblos, se muestra como un verdadero libro viviente en conocimiento de personajes anónimos, costumbres perdidas o leyendas originales que vivió esta localidad durante buena parte del siglo XX. Cariñosamente apodado "el gaitero" en apelativo heredado de su abuelo, que se dedicaba a este menester.

En otros tiempos se recuerda que existían diversas industrias de tijeras, dos carpinterías, una fragua, un taller de carros... Hoy todo ello ha desaparecido.

Fueron precisamente las tijeras de esquilar ovinos y caballos, famosas fuera de nuestro entorno comarcal, por sus características y calidad. Nos indican que era frecuente verlas en los comercios de Madrid, con carteles anunciando su venta con el enumerado de "tijeras de Villafranca del Campo", en trabajo artesanal que se efectuaba en los talleres de Antonio Segura, Primitivo Ginés o Santiago Simón. Como carpinteros los más recordados son Ricardo Jimeno y Evaristo Martínez, famosa fue la fragua de Roque Bretón. Especialistas en construcción de carros fueron León Moya (padre e hijo), buen correcher o guarnicionero fue Joaquín Ibáñez que también ejerció como alcalde. Lugar en el que abunda el ganado ovino por lo que ha destacado por sus buenos esquiladores que también trabajaban sobre equinos, de ellos recordar a la familia Clemente –Evaristo, Tomás y Manuel-, a los Saz –Constancio, Manuel e Ismael- y a Matías Gómez. Amplia nómina de matarifes como Santiago Saz, Daniel Bujeda, Ramón Hernández, Agustín Alegre o Tomás y Juan Manuel Francisco. Después de la Contienda Civil y durante varias décadas tuvieron fama como buenos cesteros la familia Gabarre.

Otros personajes recordados por sus oficios fueron los sastres Miguel Hernández y Calixto Simón, los cantineros Tomás Pérez, Vicente Ramos, Felipe Martínez, Manuel Mora, o Mariano Bel. Cafeteros que no cantineros Telesforo Castellote, Eugenio Royo o Jesús Moya, como barberos Conrado Blasco y León Civera, este también practicante y comadrón; por su labor de colaborar en los partos destacó la Tía Antonia "La Poletas" que a sus más de 80 años aún ayudaba en ese menester; numerosos fueron los pregoneros que se recuerdan como Pío Esteban, Demetrio Motos, Vicente Herrero, Federico Francisco.

Como panaderos Cristóbal Asensio, Angelina Martínez, Demetrio Royo y Agustín Alegre, siendo Basilisa Malo la hornera pública que ayudaba a amasar y cocer tortas en fechas señaladas. Como sacristanes y campaneros el tío Mariano "el cardador", Blas Sánchez o Tomás Hernández. Existió en Villafranca del Campo un típico ermitaño, el tío Ríos que se daba vida pidiendo limosnas por los pueblos de la zona, a cambio ofrecía una estampa de la Virgen del Campo.

Fue también muy popular, la Turronera, personaje que por las fiestas de San Juan y de los Santas Justa y Rufina, exponía en un tablero, encima de su carrito dulces, juguetes, tortas de turrón, chupones, martillos, pitones de bote, gafas de colores, farolillos, abanicos, remolinos, matasuegras, pedorretas... o invitaba también al juego de "las cartas pegadas" que a perra gorda te vendía cuatro, que si coincidía con la que se cortaba, te llevabas por premio dos tortas de turrón.

Existe cierta añoranza de otros tiempos educativos, con maestros muy arraigados en el municipio, de los que recuerdan a Jesús Borao, a Dª Angelina o a Tomas Cortés entre otros; a sacerdotes como a D. Jesús, mosén Ángel, mosén Emilio o mosén Gregorio. Desde 1967 hasta 1983 ejerció como médico titular de la localidad Delfín Ruiz Ortiz y son aún hoy doctores recordados Francisco Yáñez, José Miñana o Casimiro Sanz.

A nivel musical a la ya enumerada charanga de Carnavales fue también muy popular la Rondalla-orquesta de Villafranca, que la componían Felipe Martín, José Ramiro y Juan Ramón Ramiro, respectivamente con laúd, guitarra y bandurria ("mandurria"). Que habitualmente actuaban en las fiestas locales y en pueblos vecinos. Era Juan "el veterinario" un buen organista que tocaba en misas y otros actos religiosos principales de festividades señaladas.

ANECDOTAS, LEYENDAS Y ROMANCES

"Villafranca del Campo, el pueblo de dos mentiras y una verdad, porque ni es villa ni es franca, aunque sí, muy del Campo". Es este uno de los refranes recogido en el Refranero Popular Turolense, no el único que tiene como objeto a esta localidad, otros dos más breves dicen: "Villafranca, mírala y anda" y "Villafranca pueblo de huerta, sólo cuando llueve a manta". Como todo un presagio también nos recuerdan la advertencia del dicho sobre el término "Cuando San Ginés se pone el gorro y Palomera la montera, pastores y labradores correr a la paridera".

Lugares como Cueva Negra, Saletas o la propia Ermita del Campo, así como el haber sido lugar donde confluyeron moros y otras culturas dan origen a buen número de historias fantasiosas, leyendas llenas de ingenio y originalidad que sin ser ciertas sí inducen a pensar en un pasado rico de historia.

Es leyenda bien conocida en el lugar, el hallazgo de la Virgen, del que se dice que estaba una joven labradora arando con sus dos bueyes, que constantemente se detenían al pasar cerca de una gran piedra. Ante la insistencia de estos, la labradora que iba con su padre, viejo y ciego, movió la piedra y encontró debajo de ella un nicho con la imagen de la Virgen, la muchacha al descubrirla corrió hacia su padre diciéndole ¿padre, la ves? Contestándole este ¡Si yo pudiera ver! Y diciendo esto recobró la vista. Tiene la Virgen una mancha negra en una de sus mejillas, de la que se dice se la hizo en un descuido al golpearse con la reja del arado.

Son varias las leyendas que se cuentan sobre la partida de Saletas, de la que se dice que es un lugar misterioso en el que existía un castillo donde vivía una mora que salía a lavarse a un manantial cercano. Enamorada de un cristiano, los padres de este se opusieron y ante la insistencia de los enamorados, encerraron a la mora en la fuente, muriendo el día de San Juan. A partir de entonces en ese día, dicen que aparece en el lugar lavándose la cara y peinándose su larga cabellera. Leyenda esta tan creída por los lugareños, que una vez se secó la fuente, apareció en su fondo un anillo de oro, del que todos hicieron dueña a la mora, la realidad fue que lo había perdido tiempo atrás una de las vecinas de la localidad.

También en Saletas se dice que existió una fundición de hierro con intensa actividad, y que sus cuevas-castillo eran habitados por una tribu de moros, de ello los montículos que existen, donde debían vivir y el comentario de que Saletas está hueca por dentro.

Su callejero también conserva numerosos nombre que dan origen a leyendas, como la del Turco, Vulcano, Salto, Abandoleros o la del Río, esta popularmente llamada "del Duende" en la que se cree que al oscurecer aparece un espíritu ahuyentando a los paseantes, los menores aún hoy evitan pasar por ella.

Es popular aquí el romance de San Antonio y su milagro a los 8 años de edad, en el trato con los animales. Por orden de su padre quedo el Santo al cuidado de los sembrados de huertos y piezas, una vez quedo solo, llamo a los pájaros y otras aves indicándoles se encerraran en un cuarto y no destruyeran las cosechas, así lo hicieron y una vez vuelto su padre, demás vecinos y autoridades, el niño Antonio mando salir a los animales ordenándoles marchar por montes, riscos y prados no entrando en sembrados ni destruyéndolos, en consejos que obedecieron, de lo que todos quedaron maravillados. Termina el romance con : Antonio divino, por tu intercesión merecemos la eterna Mansión.

Existen otros romances locales, como el dedicado al Río Jiloca que con el título de Río Sediento se añora otros tiempos de mayor caudal con agua clara en el que hasta los patos nadaban, lamentándose de las actuales orilla deshechas, la mucha suciedad y su cauce triste y seco.

Comentan que existe en la sacristía de la Iglesia un cráneo correspondiente a una de las Santas Justa o Rufina, que enterados de su existencia en Sevilla, donde se procesa gran devoción a estas Santas y como muestra de la veracidad del hecho hicieron intensas gestiones para llevárselo a aquella ciudad sin que estas prosperasen, continuando la reliquia en Villafranca del Campo.

Desde un rincón de la calle Rodeo, se ha instalado "La Moncloa" donde se comenta el parte y hasta el diario local, donde siempre hay un listillo que todo lo sabe arreglar y que cuando pasas al mercado los martes por la mañana, de regreso a tu casa, llevas un traje cortado.

Es sobre todo del Tío Tomás Herrero "el gaitero" de quien nos cuentas simpáticas anécdotas, como buen deportista participaba en numerosas carreras pedestres por toda la Comarca. Una vez, en Blancas, compitió y entre otros corredores se encontraba un afamado campeón de la modalidad, en la línea de salida se le acercó y al oído con intención de desanimarlo le indico "me llaman la liebre" y Tomás con toda naturalidad le contesto "y a mi el galgo", gano el de Villafranca. Otra anécdota sobre este personaje y su rapidez, nos cuentan, que habiendo ido a Zaragoza a comprar un tambor, a la vuelta lo llevo al coche de línea –entonces de caballos- por donde lo mando, indicando se lo entregaran al hombre que en la parada de Villafranca saliera a recogerlo. Nadie sabe como se la ingenio, pero a la posta del vehículo en Villafranca, fue él mismo quien salió a recogerlo, con una botella de anís con la que invitó a una copa a todos los pasajeros. De hay la popularidad de su velocidad y el considerarlo más rápido que los medios de transporte de su tiempo.

Itinerarios turísticos

Los principales itinerarios turísticos que discurren por la localidad son los siguientes:


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