Arte barroco

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El Barroco es, sin duda, la edad de plata de la arquitectura aragonesa, sólo superada por la brillante etapa mudéjar. Confluyen en la arquitectura barroca aragonesa precisamente la tradición mudéjar, a través del uso de los materiales constructivos tradicionales -ladrillo, tapial y yeso- y la ornamentación, y la fuerte influencia italiana.

Arquitectura

Iglesia de Calamocha
Iglesia de Burbáguena

Los templos barrocos son las más numerosas en la zona. Resulta difícil encontrar una localidad que no tenga algún templo barroco, aunque sólamente sea una sencilla Ermita. Es posible que un porcentaje superior al 80 % de los templos se renueven a lo largo de los siglos XVII y XVIII, lo que da lugar al gran número de Iglesias barrocas con que contamos. Sin embargo el abultado número de templos barrocos no se corresponde con un gran nivel artístico, ni con edificios de grandes dimensiones. Más bien se trata de pequeñas Iglesias, terminadas a duras penas por poblaciones escasas y con pocos recursos y cuyas pretensiones artísticas resultan también modestas.

En general se trata de un nuevo modelo de templo. Ahora lo habitual es una Iglesia de tres naves y cabecera recta. A aquellas se las denomina en la documentación “el claustro”. Se cubren estas naves con dos tipos de bóvedas: de medio cañón con lunetos en la nave central y con bóvedas de arista en las laterales, aunque puede modicarse esta distribución. Se abandona definitivamente las cubrición con bóvedas de tipo gótico. Con frecuencia hay crucero cubierto por una cúpula sobre las correspondientes pechinas. Raras veces el crucero se manifiesta en planta, aunque sí suele hacerlo en alzado e incluso manifestarse en el volumen exterior. La cúpula, culminada con la correspondiente linterna, se trasdosa en forma cuadrada en un primer momento y en forma de tambor octogonal después, siempre de ladrillo. Las tres naves suelen tener diferente altura y, a menudo, se manifiesta exteriormente la variación de volúmenes, salvo en la etapa final en la que un único tejado cubre el conjunto.

Sin embargo también son frecuentes las Iglesias cuyas tres naves tienen la misma altura. Se iluminan a través de ventanas abiertas en las naves laterales. Forman un grupo de hallenkirchen o Iglesias de planta de salón muy interesantes. Abundan especialmente entre las levantadas a partir de mediados del siglo XVIII.

Los muros exteriores son de mampostería. La sillería queda reservada a los esquinales. Estas paredes están culminadas con un rafe de ladrillo en el que las labores de influencia mudéjar son evidentes. Son habituales los ladrillos aplantillados o colocados al tresbolillo, en esquinilla o en saledizo, entre otras labores.

El ladrillo también es el protagonista de las torres. Si bien el primer cuerpo, de mampostería o sillería, suele coincidir con la altura de las naves o de la fachada, los superiores se construyen en ladrillo. Un hecho que llama la atención es que en las torres alternan las plantas cuadradas con las octogonales. En ocasiones, se trata de plantas cuadradas con las esquinas achaflanadas. En todos los casos el ladrillo aparece no sólo como un material constructivo sino que es también utilizado como un elemento decorativo. La influencia mudéjar es evidente en numerosas torres barrocas.

El uso de decoración en ladrillo resaltado con motivos de rombos, columnitas, arcos de medio punto, en esquinilla o al tresbolillo son frecuentes. El chapitel se construye en forma apiramidada, con tejas de colores de cerámica vidriada, durante el siglo XVII. A partir de la terminación, a principios del siglo XVIII, de la torre de La Seo de Zaragoza, se harán mas frecuentes los chapiteles bulbosos en las nuevas torres o en las restauradas. Sin embargo en muchos casos las torres son sencillos campanarios sin apenas decoración. También hay algunas torres barrocas en piedra que se salen de la norma habitual. Es el caso de la de Peracense, construida en piedra rojiza de rodeno. Lamentablemente algunas torres no se conservan íntegras en la actualidad.

El exterior de los templos es desornamentado salvo en las fachadas, que son muy sencillas y con escasa decoración. Únicamente Calamocha y Burbáguena destacan por tener fachadas más monumentales, bajo un arco cobijo. Este último detalle se extiende a otras localidades, especialmente a las construidas en la segunda mitad del XVIII. El resto de la fachada suele ser en mampostería, siendo escasas las levantadas en sillería. A partir de mediados del siglo XVIII se terminan las fachadas de forma mixtilínea, lo que les proporciona más barroquismo y movimiento. La puerta se sitúa a los pies del templo, en la fachada oeste, salvo impedimentos de tipo orográfico.

El interior de las Iglesias es cada vez más luminoso, si bien las construidas a finales del XVII todavía resultan oscuras. Las construidas en el siglo XVIII son mucho más luminosas, contribuyendo a ello las cúpulas en cuyo tambor suele haber vanos. Los muros interiores aparecen enlucidos, ocultándose la mampostería.

Son muy frecuentes los mandatos de los Visitadores pidiendo que se blanqueen las paredes. Éstas aparecen cubiertas con esgrafiados, a veces tapados posteriormente, en los templos construidos a finales del XVII (Báguena, Navarrete, Bañón, Villarejo de los Olmos, Utrillas…) Posteriormente este tipo de decoración deja paso a muros con colores claros en los que únicamente destacan los estucos con decoración vegetal o de ángeles (Tornos, San Martín del Río, Odón…). A partir de la segunda mitad del siglo XVIII se decora el ábside con relieves o pinturas (Martín del Río, Fonfría, Cuevas de Portalrubio,Ermita de la V. del Castillo de Aguatón…).

Como se ve es un nuevo modelo de Iglesia. Sin embargo en algunos aspectos se parecen al anterior: estaban rodeadas del cementerio y su interior servía de lugar de enterramiento por lo que los suelos eran, también, irregulares.

Estas Iglesias, de acuerdo a la documentación conocida, se puede decir que se construyeron fundamentalmente a lo largo de 140 años, entre 1660 y 1800. Se observan cuatro etapas:

Último tercio del siglo XVII y primera década del siglo XVIII.

La historiografía, tradicionalmente, ha considerado el reinado de Carlos II (1665-1700) como una larga época de crisis ininterrumpida. Sin embargo, parece en que las dos últimas décadas la situación económica mejoró y permitió que numerosas poblaciones emprendieran la renovación de sus Parroquias o Ermitas. Es el momento en el que triunfa definitivamente el modelo de templo barroco.

Las Iglesias construidas en esta época suelen ser oscuras. Están decorados con esgrafiados la bóveda o los muros de la nave central, aunque hoy pueden aparecer cubiertos por capas de pintura posteriores. En el interior de la cúpula se señalan los nervios, mientras su exterior suele ser cuadrado u octogonal y sin vanos.

En esta época se construyeron o se ampliaron, entre otras, las Iglesias Parroquiales de Bañón, Báguena, Barrachina, Blesa, Bueña, Cosa, El Villarejo de los Olmos, Lanzuela, Lechago, Loscos, Muniesa, Navarrete, Nueros, Singra, Torre los Negros, Utrillas, y Villalba de los Morales. También se construyeron Ermitas como las de la V. del Campo de Villafranca, la de la V. de la Langosta en Alpeñés, las dedicadas al Santo Cristo en Luco de Jiloca y en Lechago, y la de S. Francisco en S. Martín del Río.

En otras localidades se añadieron capillas laterales como en Blancas o Luco de Jiloca. De esta época datan los conventos de S. Roque y de la Concepción de Calamocha. Como ya se ha indicado en éstos se siguió utilizando el modelo de templo de una nave con capillas laterales entre los contrafuertes, entrada lateral y ábside poligonal. En la cubrición predomina, sin embargo, el sistema barroco de bóveda de medio cañón con lunetos.

Curiosamente, en la mayoría de los casos, se trata de poblaciones muy cercanas unas de otras y está documentada la actuación de algún Maestro de Obras, como José Izquierdo, en varias localidades limítrofes.

Primera mitad del siglo XVIII.

Tras la guerra de Sucesión, que frenó la construcción de templos, comienza una etapa de gran actividad edilicia. Son numerosas las Iglesias que se van a levantar en el segundo cuarto del siglo, especialmente a partir de los años. Se trata de templos de mayor luminosidad interior. Sus cúpulas se manifiestan al exterior mediante un octógono de ladrillo con ventanas, a menudo decoradas, y una linterna que la culmina. El crucero suele señalarse en el interior y en la volumetría exterior del templo. En las paredes de sus naves destacan los adornos en estuco colocados en el centro de las bóvedas de cada uno de los tramos de la nave mayor y sobre el entablamento que corre sobre los arcos de las capillas laterales (Pozuel del Campo, Tornos, El Poyo del Cid, Torrijo del Campo, Caminreal, Odón, San Martín de Río, Villafranca del Campo, etc.). Suelen ser motivos vegetales acompañados de cabezas de ángeles. Otras veces aparecen símbolos que identifican a los titulares de las capillas: mitras, tiaras, clavos, palmas, cálices, custodias, etc. Estos relieves en estuco suelen destacar sobre el muro al tener diferente color. También los capiteles de las columnas llevan decoración, con frecuencia voluminosa. Las pechinas y cúpulas aparecen llenas de abundantes estucos.

En estos años se levantaron, entre otras, las Iglesias Parroquiales de Allueva, Almohaja, Calamocha, Caminreal, Corbatón, Cosa, El Poyo del Cid, Ferreruela de Huerva,Peracense, Torrijo del Campo o Villafranca del Campo. Varias otras tuvieron reformas importantes: Tornos, San Martin del Río, Odón o Godos.

Son numerosas las Ermitas que se renuevan. Así ocurre con la de la V. de la Carrasca en Blancas, V. de las Cuevas en Caminreal, S. Roque en Loscos, Sepulcro en Lagueruela, Stª. Engracia en Ojos Negros, Stª. Bárbara en Rubielos de la Cérida, V. de la Silla en Fonfría o la de los Santos en Villahermosa del Campo. A ellas hay que añadir otras más modestas en Fuentes Claras o Blancas.

Segunda mitad del siglo XVIII.

También son muy abundantes las Iglesias levantadas en los años 60 y 70 de esta centuria. Algunas fueron comenzadas en los años centrales del siglo, pero la larga duración de las obras hizo que se concluyeran en esas décadas. En general se trata de templos en los que lo rococó está presente a través de la decoración interior de estuco que ya no aparece en la bóveda de la nave central sino que se concentra en los ábsides y en los muros perimetrales. En conjunto decrece el volumen decorativo y se concentra en unos pocos lugares como púlpitos, ábsides, pechinas, etc.

La altura de las naves laterales es similar a la central por lo que se puede hablar de Iglesias de planta de salón o hallenkirchen en muchos casos. Al exterior, con fecuencia, están cobijadas por un único tejado a cuatro aguas que no permite manifestar las diferentes alturas. Algunas fachadas culminan con un perfil mixtilíneo, mientras en otras unos arcos cobijan la sencilla portada, dotada con frecuencia de dos óculos a ambos lados de la misma, aunque no son exclusivos de esta época.

Son numerosas las Iglesias Parroquiales que se construyen, especialmente en los años 60 y 70. Entre otras podemos nombrar las de Bea, Burbáguena, Collados, Fonfría, Lagueruela, Nueros, Ojos Negros, Torrecilla del Rebollar o Valverde.

Finales del siglo XVIII.

Una última etapa comprendería los años finales de la centuria y los primeros del siglo XIX. Se trata de templos más sobrios, con sencillos entablamentos en los que aparecen elementos como los dentículos, gusto por las pilastras lisas, escasez de decoración de estucos, iluminación a través de óculos y predominio de líneas rectas. Sin duda alguna los gustos academicistas llegan a las zonas rurales eliminando el exceso de decoración de etapas anteriores. De nuevo la mampostería y el ladrillo es lo más utilizado. En algunos casos se construyen templos de planta cercana a la cruz griega que son una adaptación del modelo de la zaragozana Iglesia de la Santa Cruz, terminada en 1780.

Disminuye el número de Iglesias Parroquiales levantadas ex novo. Únicamente conocemos los casos de Mezquita de Loscos y Nogueras. Es significativo que conozcamos el nombre del Arquitecto que hizo el diseño de ésta última, además de el del Maestro de Obras que levantó ambas casi simultáneamente. Es posible que las obras que hay documentadas a finales del siglo en la Iglesia de Piedrahita, hoy hundida, dieran lugar a un templo similar a los de Nogueras o Mezquita de Loscos.

Más numerosas son las Ermitas construidas en estos años. En Calamocha la del Cristo del Arrabal, de sobrias líneas, mientras que la del Sepulcro de Monforte de Moyuela es de una conservando el perfil mixtilíneo de la fachada como en la época anterior; la de la V. del Moral en El Poyo del Cid se construía en la última década de la centuria.

Escultura y Retablos

Retablo mayor de Lagueruela
Retablo mayor de Báguena

Bartolomé Muel fue un escultor importante en Daroca a finales del siglo XVII, con un taller en el que aprendieron y trabajaron otros artistas del momento: a él se debe el retablo de la Soledad de la iglesia de Santa María de los Corporales de Daroca, el retablo de San Roque, San Fabián y San Sebastián de Villanueva de Jiloca y la capilla de la Virgen de la Cabeza de Valdehorna.

Posiblemente hubo otros talleres de escultura o retablistas en otros pueblos de la Comunidad durante los siglos XVII y XVIII; parece que de Caminreal eran los hermanos Navarro que luego se establecieron en Calatayud y de los que quedan retablos en la iglesia de Caminreal y en la de Calamocha. Pudo haber también algún taller en Bañón y en Barrachina. Es frecuente encontrar retablos bien realizados en cuanto a la labor de columnas, entablamentos, marcos, etc. con grandes deficiencias en las tallas de las imágenes. También es frecuente encontrar muchos retablos sin dorar, aspecto éste que se hacía independientemente de la talla y que en algunos casos ya no se hacía.

La cantidad de retablos barrocos que hay en las iglesias y ermitas de la comarca es enorme. Los investigadores han destacado algunos de ellos por su riqueza y calidad; la mayoría son retablos mayores:

Pintura

Son destacables los frescos de la cúpula de la ermita de San Mamés (Murero); los lienzos de San Ildefonso, la Virgen del Pilar, San Sebastián, San Fabián, San Lorenzo, San Francisco Javier y San Francisco de Asís de la iglesia de Barrachina; la aparición de la Virgen del Pilar a Santiago y la pintura mural que alude a San Francisco Javier, San Ramón Nonato y San Roque en Bea; así como destacar varios retablos y conjuntos barrocos en la Colegiata de Santa María de los Corporales (Daroca).

Bibliografía

  • CARRERAS ASENSIO, J.M. (2003): Noticias sobre la construcción de iglesias en el noroeste de la provincia de Teruel (siglos XVII-XVIII). Calamocha, Centro de Estudios del Jiloca.
  • CARRERAS ASENSIO, J.M. (2003):"La preeminencia del arte barroco", en Comarca del Jiloca, Zaragoza, Gobierno de Aragón, p. 155-176 [Texto completo]