Iglesia cristiana

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El cristianimo se refiere a la religión o creencias, la tradición y la cultura del pueblo cristiano. Es una de las tres religiones monoteístas más difundidas, junto al islamismo y el judaismo, y la primera de ellas en número de fieles.

Tras la conquista cristiana del valle del Jiloca, consolidada con la victoria en la batalla de Cutanda, el cristianismo desplazó a los musulmanes que residían en este territorio, y su institución, la iglesia católica, extendió su estructura organizativa por el sur de Aragón, aunque surgieron diferencias a la hora de integrar los territorios conquistados a uno u otro obispado.


Los obispados

En un primer momento el valle del Jiloca fue incorporado al obispado de Sigüenza, aunque a los pocos años, en 1127, Alfonso VII tuvo que ceder las tierras de Daroca al obispado de Zaragoza. En el año 1136, ante las protestas del obispo de Tarazona, se reunieron en Burgos los obispos de las diócesis de Tarazona, Sigüenza y Osma para fijar las fronteras eclesiásticas. En este concilio, la diócesis de Sigüenza decidió entregar Calatayud al obispado de Tarazona.

A mediados del siglo XII ya estaban definitivamente fijados los límites de los obispados. La Comunidad de Daroca quedaba integrada en el obispado de Zaragoza, mientras que la Comunidad de Calatayud pasaba al obispado de Tarazona. Posteriormente, tras la conquista y consolidación de la Comunidad de Teruel, los municipios del Alto Jiloca también se incluyeron en el obispado de Zaragoza.

Teruel, Daroca y Calatayud, cuando consiguieron en el siglo XIV el título de ciudad, presionaron para desligarse de sus respectivos obispados y constituirse en cabeza de uno propio. La única ciudad que lo consiguió fue Teruel, pero algunos siglos después. En el año 1577 el Papa Gregorio XIII la elevó a la categoría de diócesis creando el obispado de Teruel e integrando en él a la antigua Comunidad de Teruel.

La extensión de los obispados de Tarazona, Zaragoza y Teruel creada en el siglo XIII y consolidada con la excisión de Teruel en 1577 se mantuvo a grandes rasgos hasta bien entrado el siglo XX. La modificación más importante se produjo en 1955, cuando la Santa Sede decide transpasar los pueblos turolenses del valle del Jiloca a la diócesis de Teruel.

Obispos y arzobispos

Algunos vecinos del valle del Jiloca consiguieron ascender hasta los puestos más altos de la jerarquía eclesiástica, ocupando obispados y arzobispados, en algunos casos muy lejos de sus localidades natales. Podemos destacar a los siguientes:

Edad Media

  • Zacosta, Pedro, obispo de Albarracín en el siglo XIII. Natural de Daroca.

Siglo XVI

Siglo XVIII

Siglo XIX

Siglo XX

Los arciprestazgos

Los obispados se dividían en arciprestazgos para controlar mejor sus respectivos territorios, situando la cabeza del arciprestazgo en una ciudad y en un templo determinado.

En el obispado de Zaragoza, la mayor parte del valle del Jiloca formó parte del arciprestazgo de Daroca, mientras que la serranía de Cucalón paso a depender del arciprestazgo de Alcañiz. En el caso del Alto Jiloca dependieron desde el año 1171 del arciprestazgo de Teruel, hasta que desaparezca y pasen en 1577 a formar parte del obispado de Teruel.

En el obispado de Tarazona se constituyó el arciprestazgo de Calatayud.

La parroquia

La unidad administrativa básica de una comunidad religiosa era la parroquia, compuesta por un edificio religioso (el templo), el personal eclesiástico (el cura párroco que podía estar solo o ayudado por varios clérigos) y el conjunto de los feligreses.

No todas las localidades fueron consideradas igual. Mientras que casi todos los pueblos tenían una única iglesia parroquial, la ciudad de Daroca poseía siete: Colegiata de Santa María, San Pedro, San Andrés, Santiago, Santo Domingo de Silos, San Miguel y San Juan, con grandes prebendas y rentas eclesiásticas.

Tampoco las parroquias fueron homogéneas, pudiendo distinguirse entre rectorías, vicarías y prioratos, dirigidas respectivamente por los rectores, vicarios y priores. La distinción jurídica de las iglesias parroquiales era fundamental, pues esta distinción consagraba el reparto de los diezmos, la principal fuente de financiación de la iglesia durante siglos, y el nombramiento de los párrocos.

El titular de las rectorías recibe el poder religioso directamente de manos del obispo y se sustenta con los ingresos procedentes de los diezmos y primicias recaudados en la localidad. Los vicarios no eran los propietarios de sus parroquias, sino que actuaban en nombre de una segunda persona a quien pertenecía la iglesia, cobrando por su trabajo un sueldo fijo. Los priores solían dirigir parroquias pertenecientes a la orden militar de San Juan de Jerusalén.

Las fundaciones eclesiásticas

Encontramos varios tipos de fundaciones eclesiásticas, con unos objetivos que pueden varias desde las dotaciones para el culto, las limosnas para pobres o la creción de instituciones benéficas:

  • Las capellanías, beneficios o, genéricamente, fundaciones eclesiásticas eran unas dotaciones económicas, habitualmente legadas por particulares, para el mantenimiento de uno o varios sacerdotes. El principal beneficio era la capellanía laical, que servía para dotar de una renta al sacerdote que la poseía, frecuentemente de forma perpetua y, a menudo, seleccionado entre parientes o descendientes del fundador.
  • El beneficio eclesiástico solían tener menor cuantía económica, y solían adjudicarse a los sacerdotes a cambio de realizar ciertas obligaciones. Solían fundarse por particulares, aunque también participaron los concejos y las cofradías.
  • También existían las Fundaciones benéficas destinadas a la asistencia de pobres y enfermos, con dos claros ejemplos en Monreal del Campo

Las agrupaciones de feligreses

Los párrocos, ayudados por los eclesiásticos auxiliares, dirigía todas las actividades que se realizaban en el templo parroquial, pero nunca pretendieron monopolizar la vida religiosa de la localidad, puesto que esta se basaba sobre todo en la tradición comunitaria y en sus asociaciones religiosas. Eran los vecinos quienes organizaban las fiestas, participaban en los entierros y procesiones, y realizaban la mayor parte de los actos piadosos.

La gran importancia dada por la Contrarreforma a las parroquias no alteró este esquema, sino que posiblemente lo alentó y amplió, aumentando el papel otorgado a los parroquianos organizados en cofradías y hermandades, en detrimento del cura.

También se fomentaron a partir del siglo XVII las fiestas y procesiones religiosas, pues constituían la expresión piadosa más rica de la religiosidad popular. Participaba activamente todo el pueblo, se utilizan abundantes símbolos religiosos (ropajes, pasos, estándares, faroles, etc.), se recorren las calles del pueblo convirtiendo a la villa en el escenario religioso, se anuncia el acto con las campanas y la gente se acompaña de cantos y oraciones.

El clero regular

Tras la conquista cristiana se fundaron numerosos conventos en el valle del Jiloca, que dependían directamente de su prelado regular, aunque en algunos casos quedaron bajo la jurisdicción del obispado de Zaragoza. Otro momento álgido para la fundación de nuevos conventos fue en el barroco, impulsados por las iniciativas de la Contrarreforma. Las órdenes principales fueron los Dominicos, Franciscanos, Agustinos, Agustinos Recoletos, mercedarios, jesuitas, escolapios, etc.

Las comunidades femenínas sobrevivían gestionando las fuertes dotes que entregaban las novicias, pertenecientes casi todas a familias adineradas. Se pueden destacar los siguientes conventos:

Las comunidades masculinas eran más heterogéneas, pues no exigían el pago de dinero para el ingreso en la orden.

Párrocos, teólogos y religiosos

Durante muchos siglos, los párrocos, sacerdotes auxiliares y religiosos de los conventos fueron de las pocas personas que poseían un nivel cultural medio y alto en el mundo rural. Algunos destacaron por sus reflexiones y trabajos teológicos, otros por haberse marchado de misioneros. Destacaremos a los siguientes:

Siglo XIV

Siglo XVI

Siglo XVII


Siglo XVIII


Siglo XIX

Siglo XX

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Bibliografía

  • Catalán Martínez, Elena (2002): "Seculares aragoneses después de Trento. La visita pastoral de D. Antonio Chacón a los Valles del Jalón y Jiloca", Revista de historia Jerónimo Zurita, Nº 76-77, pags. 369-397 [Texto completo]